Archive for the ‘Febrero’ Category


He corrido tanto que se me ha corrido la letra. Y es por eso que al escribir estas líneas les digo,
que la corrida es la perfecta.

Así lo sentí aquel día cuando llegué a la meta.

Debo confesar sin embargo, aunque me tilden de loca, que en esta maratón de CAF, la de febrero
de 2013, no me importaba el tiempo que hiciera. Solo quería ser parte de esa magia única que
respira aquel que trota en Caracas. Quería sentir el cielo azul y esas verdes montañas que saben
refrescar hasta la vida.

¡Que levante la mano el que no esté de acuerdo!

Si alguien lo hizo, queda perdonado y sigo mi historia que es en letra corrida y aún no he llegado,
ni a la partida.

Entrené poco, lo admito, pero esa era mi estrategia, pues más que verme regia (lo que a mi edad
sería un logro), quería disfrutar de la carrera.

Y así, ocho mil almas de innumerables naciones, partimos juntas, a paso firme, entre colores,
cantos, emociones.

Corrí calles, sentí su gente, “¡no te detengas!” “¡dale!” “¡tú puedes!”, oí el clamor, el ánimo
vehemente. Mi corazón, poderoso músculo, se alborotó, se invadió de fuerza. La ruta marcada
aseguró mi destino. El Sol, astro ardiente, se vistió a todas luces. El agua presente, un manjar
cristalino.

Bajé el ritmo de mi paso en las subidas. Pero aquellas cuestas, tan mentadas cuestas, fueron
compensadas por raudas bajadas que aún hoy escribo en letra corrida, pues siguen cargadas con ese
impulso que suele provocar el descenso en picada.

Se vuelve una fiesta la ciudad completa, se unen los pueblos, se olvidan las penas, tristezas, los
males, mirar adelante, no importan distancias, ¡allí está la meta!

¡Que levante la mano el que no esté de acuerdo!

Si alguien lo hizo, queda perdonado y como esta historia es en letra corrida, no se detiene, es
que nadie lo hace, se entrena con fuerza para el año que viene.

Y tú ya lo sabes, no digas que no, la perfecta corrida está en estas letras, no las dejes ir, CAF te
las muestra.
He corrido tanto, que se me ha corrido la letra.


Lima, 25 de marzo de 2014

 

Estimado Dr. Vargas Llosa,

Ha pasado más de un año, lo sé, pero hasta hoy me fue imposible hacerle llegar esta carta.

Yo llegaba a Lima. Tenía la esperanza que al presionar el botón de la aduana, apareciera la luz verde.

Usted caminaba silencioso y paciente. Su hilera, paralela a la mía, era de esas que avanzan hasta el infinito y que por culpa de las inexorables leyes matemáticas, están destinadas a no cruzarse jamás. De pronto, me topé con su mirada. La suya, Dr. Vargas Llosa. Sin quererlo, sentí que de mi rostro salía una tímida sonrisa que se vio recompensada por otra más firme, pero fugaz. La suya, Dr. Vargas Llosa.

Pero hasta las matemáticas son impuras: rompiendo profecías, dogmas, hasta despiadados axiomas, nuestras dos líneas equidistantes se cruzaron súbitamente en un punto como consecuencia de su atracción por la luz roja de la aduana. La intersección (X) se dio así, en plena revisión de maletas.

Entonces lo vi colocar su equipaje en la cinta correspondiente.

—¿Qué hago? ¿Qué hago? —exploré alternativas.

¿Una foto? No. No hubiera sido justo tomarle una acompañado de infinitos bártulos. ¿Un autógrafo? Imposible. Había dejado en casa sus “Cartas a un Joven Novelista” (excelente libro, por cierto). —¡Doctor Vargas Llosa! —me atreví a llamarlo y, como desenvainando una espada, le entregué mi tarjeta de presentación y antes de que acaso pudiera usted huir desesperado de mi envolvente verborrea, le mencioné (controlándome para ser breve) que me gusta escribir, que tengo un blog, que… —Rossana Sala —me interrumpió usted pausado, apaciguando mi desaforado ímpetu. —¡La voy a leer! —me dijo bajo su mirada escribidora, único testigo silencioso de aquella solemne promesa, alejándose raudo y con sofisticada cautela del resto de mis historias.

La narración de ese encuentro imprevisto y extraordinario, inspirado por la mágica luz de la aduana, pudo haberse transformado en una fantástica obra de la literatura. Sin embargo, se vio frustrada por el funesto hecho que a usted, hasta hoy, le ha sido imposible cumplir su generosa oferta pues no he publicado libro alguno y el nombre de mi blog ¡no aparece en la tarjeta!

¿Cuánta faena, cuántos desvelos, debe sufrir por mi causa?

¡No! ¡No puedo permitir que viva usted con esa carga y que el mundo diga que por culpa mía, su inspiración calla!

Es por eso, doctor Vargas Llosa, que le hago llegar estas líneas, tan irreverentes como necesarias.

Y al terminar de leer este relato, no habrá de pesarle más su falta, pues sin notarlo fue encaminado a cumplir con su palabra.

Un abrazo y hasta pronto, espero.

 

Rossana Sala Estremadoyro

P.D. En busca de una nueva intersección.

 

Finalmente, recién este año 2014, pude hacerle llegar mi carta (escrita hace ya dos años)….y me respondió por mail!

 

On 14/05/2014, at 09:53, Mario Vargas Llosa wrote:

Estimada señorita Sala:

Me es grato escribirle por especial encargo del señor Mario Vargas Llosa para agradecerle su afectuosa y simpática carta que no pudo contestar personalmente debido a una abrumadora agenda de trabajo y de viajes.  Le envía con estas líneas sus más cordiales saludos y sus mejores deseos por el éxito de sus proyectos literarios.

Atentamente,

 

Rosario M.N. de Bedoya

 

 

 

 

 

maletas 003

https://rodandoentrelineas.wordpress.com/

 


El tiempo que tarda en ponerse de pie, más que a su generosa longitud, puede atribuirse a un sosegado actuar.  Explica. Escucha. Sin inmutarse, usa las manos que a veces hablan, y se acomoda el cabello hacia atrás.

Su forma de vestir insípida, pálida  y hasta esos zapatos de gamuza castaña que suele usar, se contraponen al sabor colorido de las respuestas que da. Sus letras, palabras, libros, gestos, son el producto de años de esfuerzo que le han enseñado a “mostrar”.

1031._Rossana_recibiendo_certificado.Habla seguro y lo hace con voz firme, quizás melancólica, pues es con la escrita que le apasiona pintar. Y pinta las horas, las horas azules y sonríe muy quedo entre sueños reales y mujeres ballenas y cenizas tristes que vuelan buscando un encuentro casual. Y es con sus ojos, sus ojos marrones, que nos mira entre cejas, esas cejas grandes, que casi se mezclan con su cabello cano, como un tigre blanco, que yo solo espero después de estas líneas, con su silencio, no se quiera vengar.

¡Cinco para las nueve!  Pronto terminará la clase. ¡Qué alivio!

La batalla, será cosa del pasado.

14 de febrero de 2013

Tarea para la clase de Narrativa de Alonso Cuento en la que describo al profesor. Incluyo en la descripción el título de diez de sus novelas (La Hora Azul; Sueños reales; El susurro de la mujer ballena; El vuelo de la ceniza; Encuentro Casual; Miradas Grandes; El tigre blanco; La venganza del silencio; Cinco para las nueve; La batalla del pasado)