Archive for the ‘2013’ Category

¡En sus marcas, listos, fuera!

Posted: 3 January, 2014 in 2013
Tags: , ,

imagePor fin llegó el sábado. Nos pusimos los polos rojos y las zapatillas que nos regalaron para empezar a entrenar.
-¡Me gusta correr!- le dije a uno de mis amigos  mientras le mostraba qué bien me quedaban   mis nuevas zapatillas . Él es más grande que yo y por eso me ayudó a amarrarme los pasadores.  Yo solo tengo siete años pero igual voy a ganar. Al final me darán una medalla. La colgaré en mi cuarto. Seguro en Navidad, cuando vea a mi mami,  va a estar feliz conmigo. De ahora en adelante, todos los sábados en la mañana correremos. Van a venir a enseñarnos. Yo seré un corredor.

¡En sus marcas, listos, fuera!

Y ya lo era. Todos lo eran.

265 niños y niñas entre tres y diecisiete años, reunidos bajo una inmensa señal de partida, recorrieron con sonrisas la vuelta de un kilómetro marcada de color naranja entre los jardines del Puericultorio Pérez Aranibar. Algunos, emocionados, sin perder el aliento ni el paso, se dieron dos o tres vueltas más. ¡Nada los detenía!

Ellos no lo saben todavía.

En realidad, no solo se trataba de la señal para el inicio de esa ruta sencilla.

¡En sus marcas, listos,  fuera!

Era la señal que marcaba el comienzo de una nueva vida.

Es que correr es tener un amigo, un hermano que va a tu lado, que no te deja solo, que te escucha, a quien tú escuchas, que no te permite salir del camino, te da nuevas metas, te mantiene sano, te hace feliz.

Bastan un polo, unos pantalones y un par de zapatillas. El resto, son las ganas para hacerlo. ¡265 niños, las tenían!

Lima, 26 de octubre de 2013 (Escrito después de acompañar a un grupo de Perú Runners en su nuevo proyecto en el Puericultorio Pérez Aranibar)

Advertisements

imageI see something falling from the sky.
It isn´t rain. I see something falling from the sky.
It isn´t snow.
I see something falling from the sky.
They are letters.
They are red,
they are green,
they are blue and white,
rolling on my paper,
painting what they want.
They smell like clouds
and taste like stars.
They make words,
write songs, dance
and jump.

I see something coming down from heaven.
It´s Santa flying in his sleigh.
He reads your letters,
sees your behavior,
eats lots of cookies
of ginger and nuts.
He hides and watches you in silence,
brings gifts,
laughs loudly,
and sings carols for fun.

I see something going to heaven.
It´s THANK YOU.


image

Veo algo que cae del cielo
y no es lluvia.
Veo algo que cae del cielo
y no es nieve.
Veo algo que cae del cielo
y son letras.
Son letras rojas,
son letras verdes,
azules y blancas,
que ruedan sobre mi papel
y lo pintan,
se juntan,
se enredan,
y huelen a nubes,
y saben a estrellas,
y forman palabras,
escriben canciones y bailes
y saltan.Veo algo que baja del cielo
y es Santa,
que vuela en trineo,
que lee tus cartas,
ve cómo te portas,
come muchas galletas
de canela y de nueces,
se esconde de ti,
te cuida en silencio,
te trae regalos,
ríe a carcajadas,
se divierte y canta.Veo algo subir al cielo
y es GRACIAS.

image¡Qué dolor! El brazo. Lo tengo atascado entre las rocas. ¡No debí separarme del grupo! —¡Auxilio! ¿Alguien me escucha?—  ¡Dios mío! Este brazo se me parte y no puedo moverlo. Está trabado. Seguro me resbalé con el barro. Estoy toda mojada. ¡Mi celular! Tiene que estar en la mochila. ¡Ahhh…me duele demasiado! No lo alcanzo. Y acá no debe haber señal. Este hueco es muy hondo. ¿Tendrá tres o cuatro metros? —¡Auxilio!— Solo a mí se me ocurre animar a mis amigos a subir montañas en época de lluvias. Espero que estén bien. ¿Se habrán dado cuenta que me he caído? —¿Están allí? ¿Me escuchan?— Tengo que salir de acá. Nadie me espera en la casa. ¿Qué le habrá pasado a mi brazo? ¡Cómo me duele! Por fin dejó de llover. No quiero ni pensar cuánto rato más tendré que estar acá abajo. Hace mucho frío. Debo encontrar alguna forma de soltar estas piedras.

“Finalmente, después de cinco días de intensa búsqueda en el Parque Nacional El Ávila, Bertha Salinas fue encontrada por los equipos de rescate, mientras caminaba entre llantos, ensangrentada, en dirección a la autopista Boyacá. Como diéramos a conocer días atrás, el sábado diez y siete de agosto en horas de la madrugada la señora Salinas, de nacionalidad peruana y dos colegas de trabajo venezolanos, salieron a hacer una excursión por las montañas. Faltando pocos metros para llegar al Pico Occidental, el grupo se dispersó debido a la intensa lluvia, desapareciendo la Sra. Salinas. Después de varias horas sin poder encontrarla sus compañeros decidieron bajar por ayuda. De acuerdo a lo informado hace unos minutos por los médicos del Hospital de Clínicas Caracas, la Sra. Salinas se encuentra estable. Se supo que durante cinco días, intentó levantar o romper la piedra que la aprisionaba en la grieta por la que había caído para poder sacar el brazo derecho que tenía atorado entre las rocas.

Al no conseguirlo, desesperada, pensó en la muerte hasta tal punto que talló su nombre, su fecha de nacimiento y la de su deceso en una roca. Al acabársele el agua que llevaba, bebió su propia orina y con el teléfono celular grabó un video por el que se despidió  de sus familiares.

Deshidratada y confusa, Berta Salinas golpeó su brazo con una piedra  hasta romper sus propios huesos y con una navaja cortó su carne y sus músculos. Después de eso, usó las pequeñas tijeras de la navaja para seccionar sus tendones y, por fin libre, se aplicó un torniquete. Con el anclaje de su equipo de escalada descendió luego el Ávila con la esperanza de encontrar ayuda. La suerte hizo que un helicóptero del servicio médico de Sabas Nieves la localizara tras haberse activado la alerta de su desaparición. Al parecer estimados oyentes,  se ha repetido aquí, en Caracas, la historia que diera origen a la película “127  Horas” llevada a la pantalla grande por el aclamado director Danny Boyle. Aquella historia ocurrida en abril del año dos mil tres, por la que Aron Ralston, un alpinista estadounidense de veintisiete años exploraba en el cañón Blue John, cerca de Moab, Utah, cuando una roca se sacudió cayendo con Ralston en el fondo del cañón, para fijar su brazo derecho contra la pared y dejarlo atrapado por cinco días, 127 horas exactamente, después de las cuales pudo salir por sus propios medios  pero solo luego de amputarse el brazo con una cuchilla…”

—¡Bertha! ¿Nos oyes? ¡Bertha! ¡Coño! Vamos a tener que sacarla de ahí.

—Alcánzame la cuerda Luis Enrique, yo voy a bajar por ella.

—Ten cuidado. Hay demasiado barro. ¡Que vaina! Agárrate duro Bernardo. ¡Esta Bertha! ¡Siempre haciendo locuras y metiéndonos en problemas! ¿Se habrá desmayado? La grieta debe tener un par de metros. Baja despacio…

—Chama, ¿estás bien? ¡Despierta! Soy Bernardo. Toma un poco de agua. Tranquila. No te debiste alejar de nosotros. ¡Tú siempre tan apurada, vale! Eso te pasa por sobrada. ¡Cónchale! Tu brazo sangra. ¿Te duele mucho? Voy a desatorarlo. Cuidado. Solo será un minuto. ¡Imposible! Está totalmente atascado. No quiero hacerte más daño chama. Debemos ir por ayuda. Suerte que te encontramos rápido. ¡Qué susto nos pegaste! ¡Y tú que eras nuestra guía! ¡Coño!

Mal Cálculo (poema)

Posted: 25 November, 2013 in 2013
Tags:

Cuando subí las escaleras

ya era tarde.

Allí, ante el altar,  

pensé en huir pero no lo hice.

Te quería mucho.

Decidí arriesgarme,

para bien o para mal.

 

Y al salir de la iglesia,

me miraste a los ojos

y sin dudarlo me dijiste:

“Dos años.

A este matrimonio

no le doy más”.

 

No respondí nada.

El tiempo lo hizo.

A los cinco meses,

bajé por esas gradas

sin mirar atrás.


 

—Son branquias—  me diagnosticó el médico al revisar mi cuello—. Tengo varios pacientes con los mismos síntomas.  A ver,  quítese la blusa y échese sobre la camilla.

—¿Branquias?— le pregunté asustada con la esperanza de que no me confirme lo imposible.

—Mmmm. Ya empezó el proceso escamatorio —me dijo luego de pasar sobre mi espalda sus ásperos y gruesos dedos protegidos por inmaculados guantes de látex— ¿Siente alguna molestia? ¿Comezón?— me preguntó después de un breve silencio mientras auscultaba mi barriga.

—Pues sí— afirmé consternada— especialmente durante las noches. Pero empecé a sentir también algunas punzadas en la espalda.

—No se preocupe. El proceso se encuentra recién en su segunda fase.

—¿Proceso? ¿Segunda fase? ¿Voy a estar peor?— le pregunté al doctor al vestirme y tomar asiento en la camilla mientras ahora yo  era quien contemplaba y palpaba mis brazos y piernas y descubría gruesas escamas por aquí y por allá.—Pero ¿qué me pasa? ¿Esto se cura?— le interrogué al doctor al  buscar un espejo en mi cartera para escrutar mi cara y rezar porque no apareciera algún indicio de  agallas o tejidos membranosos por mi frente o mi nariz o…

—No se preocupe—volvió a decirme—. Tome asiento. La causante es la humedad de Lima. Hay muchos días que alcanza el cien por ciento. Es como vivir bajo el agua. El organismo es mágico y se adapta—me quiso tranquilizar sin éxito—. Estamos justo a tiempo para detener la evolución, quizás revertirla.

—¿Se puede?

—Quédese tranquila, señora. Hay casos mucho más graves. ¿Se ha fijado en la espalda de la gente? ¿No se ha imaginado porqué desde que empezó el invierno las personas tienen como una joroba?  Son las aletas dorsales que les empiezan a crecer, señora.   Hasta los niños están así… Compre este aceite y aplíqueselo por lo menos tres veces al día por todo el cuerpo. No deje un solo espacio libre. Durante el verano le irá mejor. Eso dicen.

Lima  noviembre de 2013


El sol brilla.

Son las tres de la tarde y me veo crecer.

Vamos. Camina. Te acompaño. Me da lo mismo si corres, yo voy detrás de ti.

Es sábado y el parque nos espera.

Aquí estamos querido mío. Juntos otra vez.

Ni la fuerza del viento podrá separarnos. Te revuelve el cabello, te sacude el abrigo, pero yo sigo acá.

Bueno. Está bien. Te dejaré solo por un rato mientras te inspiras y redactas esas absurdas cartas de amor bajo los árboles.

Esa penumbra de cipreses tupidos y fuertes, me volverá invisible. Es lo que buscas. Lo sé.

No te demores, por favor, no lo hagas.

Yo te espero. Te cuido de lejos.

Todas esas líneas que escribes no te servirán de nada.

Siempre es lo mismo. Nadie te responderá.

En cambio yo, yo sí te quiero.

Allí vienes. Tardaste mucho. Me hiciste falta.

Pero no importa.

Los faroles iluminan las calles. Vuelvo a existir.

Déjame colarme entre tus pies, entre tus suaves pisadas y acompañar silenciosa tu andar.

Oye, mírame. Hazme caso.

Soy tu sombra.

De mí nunca podrás escapar.

Aunque no quieras verme y me ignores;

aunque no me sientas y me pisotees;

yo sigo y seguiré tus pasos.

Te escucho. Te entiendo. Te acompaño. Te acaricio.

También te beso.

Yo te querré hasta el final. Porque incluso allá en el infinito, habrá una luz eterna que me transformará en tu amada una vez más.

                                                     TU SOMBRA


 

El día que yo me muera,

(¡no me compadezcan por eso!)

allí, al pie de mi cadáver,

les pido por favor me lean,

algún cuento interesante.

Pero no uno de los míos,

¡esos hasta a mí me aburren!

quiero historias de las  suyas

pa´  poder cargar en mi alma,

directo

al firmamento.

La noche que yo esté muerta,

les pido enciendan mil velas

que iluminen el salón mortuorio

pa´  poder ver bien sus rostros

y llevarme sus sonrisas

con mi alma

al firmamento.

Su imaginación y mis recuerdos,

serán los que me acompañen,

serán los que me entretengan

allá,

en el firmamento.

Y si arriba no les gusto

y me quieren mandar pa’bajo,

espero con sus historias,

convencer que no me echen,

pues leeré uno por uno

cada noche un cuento mágico

y me daré una gran vida

o  mejor dicho,

una gran muerte

feliz,

en el firmamento.

Así que vayan pensando,

en asombrosos relatos,

que de aquí a que yo me vaya,

sea  p´arriba o sea p´abajo,

sabe Dios lo que me queda,

pa´lante

 
 
 

.


 Ahora sí. Están sentados.  Por fin los veo a todos.

Conocer al personaje principal debe ser un deslumbramiento.

No entiendo. ¿A qué se refiere el Gran Mago con eso del deslumbramiento? Bueno, por lo menos hoy logré tenerlos cerca. Los voy a oír, ver, disfrutar de sus poderes. Ya empiezan. Me gusta cómo sacan de sus túnicas largas y oscuras esos papeles misteriosos, esos personajes. Reunidos en la mansión de la magia, se liberan de las historias que los acosan, que los agobian. Escucho sus letras, palabras, oraciones, me llevan a castillos lejanos, bosques encantados, calles infinitas, hoteles donde habitan miles, pero miles de gatos y a mí que me asustan esos animales.

En un cuento debe resaltar la búsqueda dramática del personaje ¿por qué daría su vida?

Pues yo daría la mía por ser un personaje y para ser el principal, la daría hasta dos veces…aunque eso es imposible, creo. ¿Qué? Algo sucede alrededor de mi acuario. ¡Descubrieron que no estoy en él!

El pez dorado, el de los ojos vigilantes ¡no está!

En un instante se ponen de pie los nueve magos. Dejan volar sus páginas cargadas de comas, acentos, exclamaciones, demonios. ¡Qué laberinto he causado! La maga de cabellos de oro, pega su rostro en el vidrio. Me busca entre las rocas y plantas. No me encuentra. Pero claro, si estoy acá, en el centro de la mesa.

Era el más grande de los peces. De color naranja, brillante, casi amarillo.  ¿Qué va a decir mi nieta?

Allí viene la niña. Se ha unido a mi búsqueda al sentir el alboroto.  Y ella que es tan buena. Con esos rizos de caramelo, cada mañana me lanza galletas con sal al agua que yo pretendo comer para que no se ofenda. ¡Lo que faltaba! Ahora llora. ¿Quién tendrá el poder para calmarla? ¿Para persuadirla? Aquella maga, esa que cuando habla también canta, le ofrece un chocolate. La de al lado, se le acerca con sus pasos cortos y baila con su marioneta. La pequeña gime más fuerte. ¡No sabía que me quería tanto! Se enjuaga las lágrimas con su vestido de seda blanco.

Se llama Marcelo — le explica a los magos—. Yo le enseñé a nadar—solloza— ¡No puede haberse ahogado! ¿Dónde está mi pececito, abuela?

¡Esto es el clímax!— levanta la voz el Gran Mago mientras con el eco de sus palabras revuelve las aguas de la pecera y las aguas se mezclan y las aguas se enturbian y por fin brillan.

¡No aparece el pez dorado!

Tremendo conflicto el que he creado. ¡Todos me buscan! ¡Qué drama! Jamás pensé llegar a ser tan importante. Yo que por curioso me lancé a la jarra cuando la llevaban a la mesa. Y ahora aquí metido, lo veo todo y no puedo hacer nada. ¡Daría mi vida por volver a mi acuario!

¿Qué hacemos? ¿Cómo se desencadenará esta historia? ¿Será el guardián de los mares quien se lo llevó? —pregunta el joven hechicero batiendo su capa negra por los aires con la esperanza de disolver algún embrujo maléfico.

¡Eso es imposible!— lo interrumpe el mago de cejas negras mientras las levanta muy serio— ¡Fueron los gatos, los gatos hambrientos los que lo devoraron sin piedad!

En el hotel donde vivo pasó algo similar...

Un poco de calma. Hay que relajarse—dijo la maga de cabellos largos, dejándolos caer sobre su capa azul y dándole un suave golpe a su varita encantada— Lo mejor en estos casos es la meditación.

¿Le sirvo un poco más de agua Gran Mago?

El  pez dorado escuchó la pregunta y se dejó llevar.

Su aparición al caer al vaso causó el deslumbramiento final.

¿Cómo llegó a la jarra? —se preguntaron todos buscando el dato escondido entre sus cuentos, en algún párrafo de sus escritos.

¡Los vasos comunicantes!  —aseguró una maga desconcertada al buscar una respuesta lógica en los recovecos de su memoria.

No hay que explicar lo obvio —sentenció el Gran Mago decidido a ser invisible para dejar de formar parte de aquella escandalosa mentira que se hacía pasar por una tierna verdad.

Escrito el 9 de junio de 2013 al enterarme que Gabriel García Márquez escribió Cien Años de Soledad, encerrado en una habitación de su casa a la que llamó La Cueva de la Mafia y darme cuenta que, nosotros, los de la clase de narrativa de Alonso Cueto tenemos también nuestra cueva en la que nos reunimos los miércoles, pero como es tan acogedora y sus historias son fantásticas, merece  un nombre mágico pero a la vez real.

 Algunas expresiones incluidas en el texto tomadas de las clases de narrativa y de algún libro leído al respecto…

Personaje principal…deslumbramiento…búsqueda dramática…aceptar sus propios demonios…poder de persuasión…clímax…conflicto…¿ porqué daría su vida el personaje? … incidente desencadenante …cambio de punto de vista narrativo…deslumbramiento…un buen final debe ser lógico, natural, pero sorprendente…dato escondido…vasos comunicantes…no explicar lo obvio…alcanzar la invisibilidad…la verdad que parece contener grandes mentiras…mentira que se hace pasar por una gran verdad…realismo mágico…


 Yo:   ¿Me da una caja de banditas por favor?

Farmacéutico: ¿Banditas?

—-

Yo:   ¿Señorita, tiene polos por favor?

 Vendedora en el centro comercial: ¿Polos?

—-

 En una calle en Caracas

 Yo: ¿Cómo llego a la Quinta Avenida? —  le pregunté por teléfono a la amiga a quien iba a ir a visitar.

Amiga:  Vas derecho por la Cuarta Transversal. Allí hay una redoma. A juro doblas a la izquierda. Cuando encuentres un policía acostado, avanzas unos metros.  Yo vivo en la quinta que queda frente a la mata de aguacates.

Derecho — Ok. Que vaya de frente.

Redoma —  Ok. Óvalo.

A juro     —  ¿Así se llamará la calle? ¿No la veo? Tendré  que doblar por acá. No me queda otra opción.

 

Llamo a mi amiga: Oye María Elvira,  ya debo andar cerca de tu casa, pero a ese policía acostado no lo veo.  ¿A qué hora  pasaste por acá? ¡Yo creo que ya se levantó y se fue!

                   A juro               —  de todas maneras

Quinta    — casa

Policía acostado       — rompe muelles

Mata de aguacates   — árbol de paltas

 —-

En la playa de estacionamiento al parquear el carro

 Yo: Baja la luna.

Amigo: ¿Ahh?

Yo: La luna. Que bajes la luna que ya llegamos.

Amigo: ¿Que baje la luna?

 Luna  —  luna

                       Vidrio —  ventana del auto

¿Playa de estacionamiento?  ¡Cómo se le ocurre mi reina! Si por acá no está el mar!

Mi reina  — señora

Estacionamiento  —  playa de estacionamiento

—-

En la bodega

 Yo: ¿Me da por favor un kilo de huevos?

Vendedor: ¿Y dónde está la cámara escondida?

Yo: ¿Qué?

Vendedor: ¿Cómo que un kilo de huevos? Los huevos no se venden por kilo sino por  cartón. A ver pues, ¿cuántos huevos vienen en un kilo? Sólo si sabe se los vendo. Déjeme ponerlos en el peso.

—-

Abasto — bodega;         peso — balanza;     trece huevos — un kilo (¡adiviné!);

Patilla  — sandía;          lechosa — papaya;  maíz— choclo

Parchita — maracuyá;   caraotas — frejoles…

Acuérdate Rossana, acuérdate

Hacer el ruedo — hacer la basta;   flequillo — cerquillo;

Chamo — muchacho;                     pitillo — cañita/sorbete

Fuente — azafate;                          carajito — niño pequeño…

—¡Qué bueno que hablamos el mismo idioma!

 —-

¿Tiritas? ¿Cinta adhesiva?

—-

¿Camisetas?

—-

En el café con amigas

Mesonero: ¿Qué les sirvo?

A: Un marrón grande.

B: Un negrito corto por favor.

C: Un guayoyo para mí.

D: Un con leche.

Yo: Un negro, largo y con leche.

Mesonero, A,B,C,D y  mesa del al lado: ¿Qué?

Yo: Bueno, mejor sírvame una hierbita. ¿Qué hierbas tiene?

Mesonero a punto de llamar al administrador:  ¡Acá no vendemos hierbas señora!

 Marrón grande   — café con leche en taza grande

Negro corto      — café  puro en taza pequeña

Guayoyo  — café americano dulce

                                                 Con leche        — café con más leche que el marrón (marrón claro)

Té — hierbas

Mesonero  — mozo

 —-

¿No se llaman Venditas?

—-

¿T-shirt? ¿Jersey? ¿Camisetas? ¡Lo que ese muchacho lleva puesto! ¡Un polo, señor! ¡Un polo!

¡Ahh! ¡Franela!

—-

Con el plomero

 Yo:  Maestro, ¿y cuánto le demorará reparar el grifo?

Maestro: Una hora seguro, mi doña.

Yo: Ah, qué bueno. ¿Y cuánto me va a cobrar, maestro?

Maestro sacando la cabeza del fregadero con cara de furia: Óigame señora, ¿usted se está burlando de  mí? ¡Yo no soy maestro! Soy plomero. ¡Los maestros están en las escuelas!

Yo: Disculpe, maestro.

                 Grifo — caño

 —-

 En el camión de frutas

 Yo: ¡Una docena de plátanos por favor!

Vendedor (¿camionero?): ¿Una docena?

Yo: Sí, claro, gracias. (Uff! Por fin me entienden)

Plátano — plátano para freír de unos veinte cms. cada uno  (¡No!)

Cambur — plátano (eso es lo que quería)

 —-

¿Parches para proteger las heridas?

—-

Trotando en el parque

 Yo: ¡Cuidado con el pasador!

Amiga: ¿Qué?

Amiga: ¡Qué linda tu cachucha!

Yo: ¿Qué?

Amigo: ¡Qué arrecho corres!

Yo: ¿Qué?

Amigo:  ¿Me das la cola?

Yo:  ¿Qué?

Trenzas     — pasador  (nunca pude decirles a mis amigos que se las amarren)

Cachucha — gorra (preferí no ponerme una)

Arrecho     —  bien (al terminar de oír a mi amigo, ¡me fui de cara!)

Dar la cola — jalar, dar un aventón en el carro (fue mejor  evitar mal entendidos)

 —-

Reparando las llantas de la bicicleta

Elías: Anda al grifo con la bici para que le arreglen las llantas. Pero ten cuidado, acá, en Venezuela, a las llantas les dicen cauchos y a la cámara de las llantas, riñón. Para nosotros, los peruanos, es una confusión este tema.

Yo: Gracias, Elías.

Yo: Maestro, ¿me ayuda por favor? Necesito que le cambie los riñones a la bici.

Grifero: ¿Qué?

               Bomba — grifo /gasolinera

Bombero — grifero

 Tripa   — cámara

Riñón — riñón

 ¡Elías! ¡Elías!

—-

Con una amiga que maneja distraída

 Yo: ¡Toca el claxon!  ¡Voltea el timón! ¡Estamos contra el tráfico!

María Elvira: ¿Qué dices chama? ¡No te entiendo! Se espichó el caucho ¡coño! ¡Y en este palo de agua no veo nada!

—-

Corneta — claxon

Volante — timón

Flecha — contra el tráfico

Espichar el caucho — bajar la llanta

Chama- muchacha

¡Coño! — ¡Caramba!

Palo de agua — lluvia torrencial

 —-

 ¡Ahh! ¡Usted quiere una curita!

Curita — Curita

 ¡Coño!

Escrito por Rossana Sala, en Lima, en una noche de insomnio el 30 de mayo de 2013.

                                           Insomnio — Insomnio


He corrido tanto que se me ha corrido la letra. Y es por eso que al escribir estas líneas les digo,
que la corrida es la perfecta.

Así lo sentí aquel día cuando llegué a la meta.

Debo confesar sin embargo, aunque me tilden de loca, que en esta maratón de CAF, la de febrero
de 2013, no me importaba el tiempo que hiciera. Solo quería ser parte de esa magia única que
respira aquel que trota en Caracas. Quería sentir el cielo azul y esas verdes montañas que saben
refrescar hasta la vida.

¡Que levante la mano el que no esté de acuerdo!

Si alguien lo hizo, queda perdonado y sigo mi historia que es en letra corrida y aún no he llegado,
ni a la partida.

Entrené poco, lo admito, pero esa era mi estrategia, pues más que verme regia (lo que a mi edad
sería un logro), quería disfrutar de la carrera.

Y así, ocho mil almas de innumerables naciones, partimos juntas, a paso firme, entre colores,
cantos, emociones.

Corrí calles, sentí su gente, “¡no te detengas!” “¡dale!” “¡tú puedes!”, oí el clamor, el ánimo
vehemente. Mi corazón, poderoso músculo, se alborotó, se invadió de fuerza. La ruta marcada
aseguró mi destino. El Sol, astro ardiente, se vistió a todas luces. El agua presente, un manjar
cristalino.

Bajé el ritmo de mi paso en las subidas. Pero aquellas cuestas, tan mentadas cuestas, fueron
compensadas por raudas bajadas que aún hoy escribo en letra corrida, pues siguen cargadas con ese
impulso que suele provocar el descenso en picada.

Se vuelve una fiesta la ciudad completa, se unen los pueblos, se olvidan las penas, tristezas, los
males, mirar adelante, no importan distancias, ¡allí está la meta!

¡Que levante la mano el que no esté de acuerdo!

Si alguien lo hizo, queda perdonado y como esta historia es en letra corrida, no se detiene, es
que nadie lo hace, se entrena con fuerza para el año que viene.

Y tú ya lo sabes, no digas que no, la perfecta corrida está en estas letras, no las dejes ir, CAF te
las muestra.
He corrido tanto, que se me ha corrido la letra.


Eso dice el canto y yo le creo. Intento meterme en el agua. ¡Está helada! ¡Me  congelo! Se entumecen mis dedos, pies, pantorrillas. Salgo corriendo. Tirito de frío.

¡Quema! ¡Quema! ¡Quema! ¡Quema! Pego brincos. La arena arde. Llego a mi toalla. Saco un libro. Lo guardo pronto. No me relajo. No me concentro. El sol brilla severo.

“En el mar, la vida es más sabrosa. En el mar todo es felicidad.”

Desde mi bote, izo las velas que el viento infla. Surco las aguas. Esto sí es vida. El horizonte, límite eterno, no importa si existe o dónde está.

¡Sopla! ¡Sopla! ¡Sopla! ¡Aire! ¡Arrástrame! ¡No te detengas! ¡Llévame al puerto!

“En el mar, la vida es más sabrosa. En el mar todo es felicidad.”

Recorro la orilla. Una línea larga de blanca espuma anima mis pasos. La arena  húmeda. El agua tibia. El sol es dulce. La brisa fresca con aroma a sal.

¡Ríe! ¡Ríe! ¡Ríe! ¡Baila! Pero no dejes de navegar.

sailing

 

Lima, 25 de marzo de 2014

 

Estimado Dr. Vargas Llosa,

Ha pasado más de un año, lo sé, pero hasta hoy me fue imposible hacerle llegar esta carta.

Yo llegaba a Lima. Tenía la esperanza que al presionar el botón de la aduana, apareciera la luz verde.

Usted caminaba silencioso y paciente. Su hilera, paralela a la mía, era de esas que avanzan hasta el infinito y que por culpa de las inexorables leyes matemáticas, están destinadas a no cruzarse jamás. De pronto, me topé con su mirada. La suya, Dr. Vargas Llosa. Sin quererlo, sentí que de mi rostro salía una tímida sonrisa que se vio recompensada por otra más firme, pero fugaz. La suya, Dr. Vargas Llosa.

Pero hasta las matemáticas son impuras: rompiendo profecías, dogmas, hasta despiadados axiomas, nuestras dos líneas equidistantes se cruzaron súbitamente en un punto como consecuencia de su atracción por la luz roja de la aduana. La intersección (X) se dio así, en plena revisión de maletas.

Entonces lo vi colocar su equipaje en la cinta correspondiente.

—¿Qué hago? ¿Qué hago? —exploré alternativas.

¿Una foto? No. No hubiera sido justo tomarle una acompañado de infinitos bártulos. ¿Un autógrafo? Imposible. Había dejado en casa sus “Cartas a un Joven Novelista” (excelente libro, por cierto). —¡Doctor Vargas Llosa! —me atreví a llamarlo y, como desenvainando una espada, le entregué mi tarjeta de presentación y antes de que acaso pudiera usted huir desesperado de mi envolvente verborrea, le mencioné (controlándome para ser breve) que me gusta escribir, que tengo un blog, que… —Rossana Sala —me interrumpió usted pausado, apaciguando mi desaforado ímpetu. —¡La voy a leer! —me dijo bajo su mirada escribidora, único testigo silencioso de aquella solemne promesa, alejándose raudo y con sofisticada cautela del resto de mis historias.

La narración de ese encuentro imprevisto y extraordinario, inspirado por la mágica luz de la aduana, pudo haberse transformado en una fantástica obra de la literatura. Sin embargo, se vio frustrada por el funesto hecho que a usted, hasta hoy, le ha sido imposible cumplir su generosa oferta pues no he publicado libro alguno y el nombre de mi blog ¡no aparece en la tarjeta!

¿Cuánta faena, cuántos desvelos, debe sufrir por mi causa?

¡No! ¡No puedo permitir que viva usted con esa carga y que el mundo diga que por culpa mía, su inspiración calla!

Es por eso, doctor Vargas Llosa, que le hago llegar estas líneas, tan irreverentes como necesarias.

Y al terminar de leer este relato, no habrá de pesarle más su falta, pues sin notarlo fue encaminado a cumplir con su palabra.

Un abrazo y hasta pronto, espero.

 

Rossana Sala Estremadoyro

P.D. En busca de una nueva intersección.

 

Finalmente, recién este año 2014, pude hacerle llegar mi carta (escrita hace ya dos años)….y me respondió por mail!

 

On 14/05/2014, at 09:53, Mario Vargas Llosa wrote:

Estimada señorita Sala:

Me es grato escribirle por especial encargo del señor Mario Vargas Llosa para agradecerle su afectuosa y simpática carta que no pudo contestar personalmente debido a una abrumadora agenda de trabajo y de viajes.  Le envía con estas líneas sus más cordiales saludos y sus mejores deseos por el éxito de sus proyectos literarios.

Atentamente,

 

Rosario M.N. de Bedoya

 

 

 

 

 

maletas 003

https://rodandoentrelineas.wordpress.com/

 


El tiempo que tarda en ponerse de pie, más que a su generosa longitud, puede atribuirse a un sosegado actuar.  Explica. Escucha. Sin inmutarse, usa las manos que a veces hablan, y se acomoda el cabello hacia atrás.

Su forma de vestir insípida, pálida  y hasta esos zapatos de gamuza castaña que suele usar, se contraponen al sabor colorido de las respuestas que da. Sus letras, palabras, libros, gestos, son el producto de años de esfuerzo que le han enseñado a “mostrar”.

1031._Rossana_recibiendo_certificado.Habla seguro y lo hace con voz firme, quizás melancólica, pues es con la escrita que le apasiona pintar. Y pinta las horas, las horas azules y sonríe muy quedo entre sueños reales y mujeres ballenas y cenizas tristes que vuelan buscando un encuentro casual. Y es con sus ojos, sus ojos marrones, que nos mira entre cejas, esas cejas grandes, que casi se mezclan con su cabello cano, como un tigre blanco, que yo solo espero después de estas líneas, con su silencio, no se quiera vengar.

¡Cinco para las nueve!  Pronto terminará la clase. ¡Qué alivio!

La batalla, será cosa del pasado.

14 de febrero de 2013

Tarea para la clase de Narrativa de Alonso Cuento en la que describo al profesor. Incluyo en la descripción el título de diez de sus novelas (La Hora Azul; Sueños reales; El susurro de la mujer ballena; El vuelo de la ceniza; Encuentro Casual; Miradas Grandes; El tigre blanco; La venganza del silencio; Cinco para las nueve; La batalla del pasado)