Archive for the ‘2009’ Category


 

IMG_5095

Tumba sobre tumba. Una tras otra.

El pasadizo es profundo.

El silencio se rompe debido a la tristeza del viento que abraza nuestros cuerpos con amor hostil.

Al final del pasaje, por instantes, alumbra la luna. Son las nubes negras y dispersas las que la cubren.

—¿Pero qué quieren ocultarnos?— me pregunto.

IMG_5088

—¡No hagan bulla!— nos advierte el guía y ordena detenernos—. Dejemos descansar a los que aquí reposan.

Es la noche del treinta y uno de octubre. El año, no importa.

El lugar, el cementerio Presbítero Matías Maestro. Testimonio ¨viviente¨ del pasado ¡Qué ironía!

Se encuentra allí la cripta de los héroes donde están los restos de Miguel Grau y de tantos otros combatientes.

Ayudados por la luz de nuestras linternas avanzamos para llegar al “Pabellón de los Gordos” donde cada tumba es de un tamaño bastante cómodo para sus ocupantes.

¡Cómo si fueran a moverse inquietos! (Quizás.)

A nuestra izquierda, decenas de pequeños nichos albergan a las criaturas que murieron antes de que acaso pudieran hacer un gesto o de ser bautizadas, pasando a habitar por ello el “Pabellón de los Duendes”.

“Un feto¨. Leí en la lápida de mármol que alguna vez fue blanco, tan blanco quizás como el alma de aquel niño que no alcanzó a tener nombre. Apellido tampoco.

Luego de prestar atención a los consejos sobre las posibles consecuencias de entrar al pabellón de “Los Suicidas”, nos explican que entre otros, allí descansa un barbero chino de la calle Capón que mató a dos clientes en su propio local y luego se quitó la vida al sentirse acorralado por la policía.

Cuántas historias bajo tierra.

Emiliana Montero Torreón  1912-1929

Dice la leyenda que fue una bruja y que cuatro años después de tu entierro se cambió de nicho e hizo su propia lápida.

Manuela Dante Moretti  1830-1900

Esteban Sifuentes Paredes 1829-1875

Juan Mujica Melgar. 1809-1895

“Más grande por su humildad y virtudes que por tus títulos”.  Reza el epitafio.

El guión.

Sin importar el frio del viento, ni la oscuridad del lugar en el que se oculta cada uno de los seiscientos mil cuerpos, ni su talla, sexo, edad, raza, ni el motivo del deceso, por igual, es el guión dibujado en cada losa, el que separa el día del nacimiento y el día de la muerte.

El guión.

Es el guión el que señala la vida.

Y al alejarme de las tumbas recé.

Recé para que el guión de mi vida y de la tuya que lees este texto, sea largo.

Sea largo y tenga la forma de una sonrisa.

 

Lima, 2 de noviembre de 2015


Decidí viajar a Washington. Relajarme un poco. Visitar a mis amigos. Tomar fuerzas.

No iba a ser fácil empezar de nuevo en Lima. Encontrar trabajo.

Caminaba feliz frente a la Casa Blanca cuando me topé con un espectáculo callejero. Una de esas presentaciones que hacen los artistas novatos para ganarse alguna propina mientras van a la universidad.  Era  realmente buena la actuación, así que me detuve a observarlos. Nada me apuraba.

Sonrientes, vestidas de blanco y con las caras pintadas, unas veinte personas conformaban el grupo. Tocaban tambores, panderetas, subían y bajaban escaleras, saltaban, bailaban como si estuvieran en Broadway.

—Deben haber ensayado bastante  —pensé al verlos levantar las piernas en movimientos rítmicos y coordinados.

—Necesito su ayuda —me dijo de pronto en inglés uno de los artistas, escapándose del espectáculo en el momento en que me colocaba unas orejas de Minnie Mouse.

—Usted es perfecta para ésto —continuó mientras me colgaba en el cuerpo algo que parecía ser un inmenso basurero y me entregaba un par de palillos.

Y allí estaba yo, convertida en parte de un llamativo espectáculo callejero frente a la Casa Blanca, mostrando unas grandes orejas negras de ratón, tocando tambor cada vez que me daban una señal y después que lo hacía mi compañero de al lado, Mickey Mouse.

Los niños que por allí pasaban, jaloneaban a sus padres para que se detengan. Aplaudían entusiasmados. Yo, que a pesar de las orejas seguía siendo una desorejada, trataba de llevar el ritmo dándole un golpe al tacho de basura cada vez que me lo indicaban. De pronto,  al levantar la mirada con el rostro desconcertado, me encontré cara a cara con una cámara de televisión. ¡Estaban filmando! ¡Me estaban filmando! De vez en cuando me enfocaban de cerca haciéndome una señal de muy bien con las manos. Espero que haya sido una señal de “muy bien”.

—¡No puede ser! ¡A lo que he llegado! —me dije. Soy una desempleada más pidiendo limosna en las calles de Washington. ¡Pero no tengo visa para ésto!  ¡Pom! ¡Pom! ¡Pom! Seguí dándole golpes al tacho mientras sonría a las cámaras con toda la dignidad que a mi edad era posible tener en una situación como tal. Si es que era posible tener alguna.

minnieAl terminar la función, varios niños  me pidieron autógrafos. Se me acercó también uno de los directores del espectáculo a solicitar mi permiso para que se publique la filmación en el canal de  Disney World.

—Estos gringos sí que hacen bien las cosas —pensé algo reconfortada al devolver mis orejas satisfecha de haber hecho (en mi opinión) un buen trabajo.

—¿Qué me habrán querido decir con que yo soy perfecta para ésto? —me pregunté esa noche al mirarme al espejo antes de dormir.

Noviembre, 2009.


—¿Qué he hecho? ¡Estoy casado! —me dijo Diego al despertar.

Algunas horas antes, todavía a tiempo, estábamos sentados en la puerta de la Corte. Gente que iba y venía pisando el desgastado pasillo como lo hicieran otros, décadas atrás. Archivos. Papeles. Abrigos. Un  sheriff. Pistolas. Personas. Llantos. Risas. Si las paredes hablaran. Camisas. Rayas. Grilletes.

Todos.

Nosotros.

Yo.

—¡Que pase el que sigue! —llamó con voz tajante la mujer que nos observaba hace un buen rato escondida tras pesadas gafas de negras monturas.

Y así, ilusionada y feliz, vestida con un traje de diminutas flores celestes, entré al despacho del juez de turno quien nos recibió sonriente, relajado, gordito, envuelto en su impecable toga marrón.

Estoy segura que sabía lo que nos esperaba.

—¿Alguien más viene? —preguntó como relamiéndose, invitando a su oficina a nuestros amigos para que comprueben los hechos.

Con la prestancia que la ceremonia merecía, empezó a leer su grueso libro. Me distraje un instante para mirar extrañada unos afiches de la película de “La Guerra de las Galaxias” que decoraban las paredes.

Continuó el protocolo. Diego, como siempre apurado, trató de aminorar sus obligaciones al interrumpir al juez y decirle que sí, que sí me aceptaba y listo. —¡No es suficiente! ¡Debes aceptarla en la salud, en la enfermedad, en las buenas, en las malas! —le ordenó iracundo el juez a mi prometido que en ese momento ya llegaba a la puerta de escape. Perdí la sonrisa. Me empecé a desvanecer. Veo hoy en mis recuerdos algunas sombras confusas. El juez. Diego. El juez. La puerta. El afiche con el retrato de un hombre enmascarado apuntándome con el dedo índice. Con angustia repetí mis promesas. Oí carcajadas estruendosas. Necesitaba luz. Aire. Agua. ¡Mi bicicleta!

De lo que sucedió después, no estoy segura. Tampoco sé exactamente lo que dije, así que conforme a la legislación texana,  mis compromisos  no son válidos ni vinculantes.   —¡El único consciente y por lo tanto sujeto a obligación contractual por las promesas adquiridas, es él! ¡Ella permanecerá libre! —sentenció el brillante juez al desenvainar de entre su toga resplandeciente, su sable de luz traslucida —¡Ella no está afecta a responsabilidades! ¡Solo él debe amarla y respetarla todos los días de su vida! ¡En la salud! ¡En la enfermedad! ¡Es él quien debe mimarla, cuidarla, serle fiel, obsequiarle las más brillantes gemas provenientes del espacio! —continuó proclamando el honorable magistrado a toda voz y con incuestionable sapiencia.

Entonces fue cuando Diego me dijo: ¿Qué he hecho? ¡Estoy casado!

Y nos levantamos para desayunar.

Escrito el 3 de mayo de 2009, un día después y ya tarde. ¿Pero qué hemos hecho?


Pensé que me había jubilado, pero todavía no estoy lista.

Hace un par de semanas viajé a Washington para participar en un congreso jurídico e intentar encontrar trabajo. De no haber sido por aquel vaso con agua que me ofreció un camarero  cuando estuve a punto de entregarle mi tarjeta de presentación, ¡qué vergüenza hubiera pasado!

Es que minutos antes, cuando me disponía a cruzar la calle para ingresar al auditorio, justo cuando empezaban a llegar, acartonados y rimbombantes, los abogados que participaban  de  tan magno evento,  yo, que desfilaba elegante y caprichosa con una falda entallada pero sobria, perdí el zapato izquierdo.

Sin siquiera pensarlo, retrocedí de prisa, semi-descalza y paticoja. Ni por un instante le quité la mirada al  suelo. —Si no miro, no  me ven —me dije. Entonces, con la respiración contenida (por eso de llevar la falda ajustada), me arrodillé y con más de una maniobra intenté desatascar el delicado taco  incrustado en un pequeño desnivel de  esa mordaz vereda, que con su apetito  insaciable  no me dejaba  escapar.

Mi fino cuidado, alturado disimulo y evidente vergüenza, fueron los que  me permitieron por fin sacar de una sola pieza  mi zapato izquierdo, evitando así verme obligada a entrar  bamboleándome a la sala de reuniones.  

 —Muchas gracias—le dije al mayordomo al esconder mi tarjeta, recibir el vaso con agua y tragar un buen sorbo de dignidad.

Más tarde, al tomar el metro para volver al hotel en el que me hospedaba, subió un viejito quien al tratar de tomar  asiento por poco se me cae encima. Me vino a la mente mi abuelo…con seguridad hubiera hecho alguna de sus bromas para quedar bien en ese momento. Le sostuve el brazo al anciano y me sonrió agradecido. Luego se encontró con un amigo aún mayor que él (lo que de primera impresión era un imposible). Casi a gritos —­­sospecho que eran algo sordos— se pusieron a conversar y a comparar los gorritos que llevaban puestos. Los oí comentar entre risas sobre un aviso de hamburguesas y papas fritas colgado junto a la puerta del metro. Hablaron de sus vidas. Uno acababa de abrir una tienda de libros. El otro dijo seguir con su negocio. Luego intercambiaron tarjetas de presentación. ¡Estuve a punto de alcanzarles la mía!

Allí sentada, me acordé del día que había pasado. En la conferencia, los asistentes entregaban sus tarjetas con el logo de la empresa donde se ganaban el pan. Yo en cambio, tenía las mías con la dirección de la casa donde se me quemaba.   (Pronto aprenderé a cocinar, lo sé).

—¿Qué voy a hacer ? ¿Qué voy a hacer de mi vida?—me pregunté al observar  a esos encantadores viejitos, tan animados, pensando en hamburguesas,  con celular, lupa y sus gorras favoritas. —¿Qué me hubiera aconsejado mi abuelo?—.

Para ellos es más sencillo —pensé— ¡Es que no visten de tacos!  A ver pues, ¿qué harían en mis zapatos?

Escrito en marzo de 2009, en San Antonio, Texas, muy cerca a México.  Esta historia me ha abierto el apetito.  Si tan solo fuera una cuestión de tacos.

Pata Cala

Posted: 6 October, 2009 in 2009

Ayer, le contesté a una amiga, que me preguntó cómo me iba, que la verdad no quisiera que ella estuviera en mis zapatos. Que en realidad a nadie le gustaría por ahora, estar en mis zapatos, que tanto es así que ni a mí. Y que por eso, desde hace unos días ya ni los uso. Que ando descalza, así, “pata cala”, a “pie pelao”.
Pero bueno, esta pata cala, sigue y sigue por la vida.

El último fin de semana me invitaron a navegar en un velero y me relajé…las olas, el frio, la brisa, las copas de vino. No sobraba ni faltaba nada…hasta el sol nos regaló unos cuantos rayitos que últimamente los tiene bien racionados para casos de emergencia y la notó.

El departamento donde vivo lo acomodo poco a poco. Solucioné a tiempo mi problema de falta de aire. Cada media noche era un fastidio levantarme a inflar algo más mi colchoneta gay. Pierde y pierde el aire. No entiendo porqué la válvula no funciona. Debe ser por mi extenuante peso, o el de mis ideas, que se venía abajo. Ahora la he guardado y tengo un colchón modelo ¨sensaciones¨. Y no lo llamo así por algún síndrome de esperanza adormecida. Fue seguro un publicista imaginario el que decidió que con ese nombre venderían más el producto y quizás lo hagan.

Pero el tiempo no se detiene. Tanto que, para mi alegría, encontré una de las maletas que no llegué a llevar a Texas pero que traje de Caracas. (Sí, ya sé, esta mujer ni terminó de ir para un lado y ya regresa de otro, pero a veces es mejor así. Lo digo yo, que soy la única que estaba en mis zapatos.) La abrí apurada. Entre recuerdos con valor solo sentimental, encontré mi reloj despertador. Ese que cada madrugada me empujaba de la cama para ir a trotar al parque. Lo increíble de todo, es que sigue trabajando. No se ha detenido. Bueno, también que flojeó una buenas horas sin tener que despertar a nadie y debo reconocer que, hoy por hoy, ha perdido su poder de convencimiento porque con este frio son pocas las mañanas que me atrevo a ir a montar la bici.

Si ese reloj avanza (como hasta el espejo lo confirma), si ese velero sigue (con la salada brisa marina), si hasta el sol llega a brillar (aunque sea por destellos), si esa cama ya no duele (sensaciones, sensaciones, por lo del modelo digo), entonces es obvio que yo, debo seguir haciendo tic tac por esta vida.

Me recomendaron para ello la técnica del clavo…esa de que uno saca al otro. Pero eso sí, nada de pata cala. De hoy hacia adelante me pongo zapatos de tacón bien alto y veo la vida desde otras perspectivas: rumbera, laboral, sentimental, deportista…siempre con buenas suelas en los zapatos y también sonrisas.

Tic Tac Tic Tac…en Lima el 6 de octubre del 2009

LA MUJER DE LAS MALETAS

Posted: 9 September, 2009 in 2009

No es fácil…vengo varios días pensando cómo lo digo…lo digo o no lo digo…lo escribo o lo digo…no lo escribo y no lo digo…y bueno..qué queda…

Ayer en la tarde llevé a reparar la bicicleta montañera que me prestó mi hijo…ya es grande mi hijo….pronto me prestará el carro! (claro..primero se lo tengo que comprar!)

La dejé en un taller llevándola en auto y tuve que regresar a la casa para volver por ella a pie. La distancia no era corta…tampoco larga. Pero era prudente ir en taxi.

Me vestí con mi ropa de deporte que hace tiempo tenía guardada. Hacía frío. No sé si por la humedad del clima o por lo vacío del departamento.

Encontré feliz y amarilla, media aburrida y casi esperándome, mi franela de Contodo, nombre del grupo con el que trotaba en Venezuela, y me fui abrigadita a recoger la bici. Se supone que mis rodillas están mejor, que ya están niveladas. Pero es preferible la bici, dice el doctor.

Me paré en la calle, encendí mi reloj GARMIN (ese que te dice que tan rápido o lenta estás ese día), me sentí una CONTODO y fui trotando a recoger la bicicleta. Nada de TAXIS! NO JODA! (como se dice coloquialmente en Caracas).

Así vestida de deporte, no me reconoció el portero del edificio donde vivo y por poco no me entregan la bici.

Regresé contenta y humilde, con una bolsa amarilla amarrada en el timón de la bici con algunos repuestos y accesorios que no llegaron a colocar. “No tiene el manual?” me preguntó el técnico….

Pero cuántas vueltas le doy al tema y cuántas vueltas da la vida. Yo sí que sé palabrear..jajaja. …seguro por eso sacaba buenas notas en los exámenes!..y sigo con el palabreo..no cambio..

Con estas líneas, que les escribo desde el aeropuerto, se habrán ya dado cuenta que regresé a Lima.
Que regresé a vivir a Lima.
Que regresé sola a Lima.

Dicen que a buen entendedor pocas palabras. Mi ausencia de escritos, el estado catatónico de mi blog, fue quizás la manifestación de mi presente.

Y si me preguntan porqué…qué les digo? qué les digo? …coño!..que ladilla!
qué les digo? (otra vez al estilo venezolano).

Tenía un laberinto emocional cuando una amiga inglesa me lo dijo a mí….la protagonista de los hechos y deshechos existenciales…
LAS COSAS NO FUNCIONARON.
Que práctica y escueta la oración, que abarca todo y dice lo cierto. No hay más que decir.

No me arrepiento. Tenemos derecho a hacer algunas locuras y seguir haciéndolas para vivir. Para ser felices.

No sé qué pasará más adelante. En realidad nadie lo sabe.

Si sé, o por lo menos creo saber, que pasará mañana…llego a Caracas de visita…quiero caldito de pollo y arepas!

Rossana, la mujer de las maletas…y de que pesan, pesan…las maletas, digo, a veces, también la vida.

9 de setiembre de 2009

¡QUE LADILLA!

Posted: 10 July, 2009 in 2009

¡No, no, no, no, no! ¡Anoche me di cuenta que mi hija tiene veinte años y mi hijo va a cumplir diez y ocho!

Ni la zumba, ni el spinning, ni trotar podrán detener el paso del tiempo. Ni el botox, ni una jaladita, ni un parche por aquí y otro por allá. ¡Nada!

El tiempo viene, pasa insoslayable, arrasa con todo, como el detergente de platos, como una tormenta tropical que deja la piel marcada, el pellejo arrugado y seco… los hijos crecen y crecen, se ven lindos, felices, bailan, manejan, estudian, trabajan, se van de rumba y se van, se van, se van, brincando y brindado, se casan y uno de lejos los mira orgullosos…arrugadamente orgullosos. Como comiéndose un limón.

¿Qué hacer ante esta situación calamitosa y astringente?

¡El espejo ya no ayuda! ¡Las fotos tampoco! ¡El fotoshop no lo sé usar! Viene el pelo blanco…auxilio, auxilio, auxilio… todavía puedo pronunciar claramente estas palabras. Entre mi rostro maltrecho tengo los dientes completos…gracias a Dios…la cosa no está tan mal!

Todavía veo…con anteojos, pero veo.

Todavía escucho…lo que me conviene, pero lo hago.

Pero participar en maratones…ya no puedo…el médico me dijo que me olvide de eso…que solo puedo correr unas cuantas millas….¿y si necesito irme más lejos? ¡Ladilla!(*) ¿Pero acaso no se ha percatado el doctor de eso? ¡Qué irresponsable! “Lo que pasa es que está pagando el haber trotado demasiado….!” me dijo con tonito de sapiencia y amargura. “Yo jugaba básquet y ya no puedo”, agregó. Pagando qué, porqué, a quién y cuánto! (las respuestas en realidad las tuve al salir de su consultorio y recibir la factura). ¡No!! Que no me venga con eso. ¿Qué tengo que ver con el básquet?Yo quiero trotar por allí…salir feliz…sentir la lluvia, sentir el sol, sentir el viento mientras corro! Llegar a la meta. Ver a los amigos. ¡Que me duela el cuerpo, transpirar la vida! ¡Sentirme cansada! ¡Tener sed!

Pero me dicen que tome las cosas con calma.

Hoy comienza la fisioterapia de mis rodillas…si sigo así terminaré en terapia psicológica de grupo con treinta respiraciones profundas! Bien profundas.

Los hijos crecen y se van…uno se queda y de mamá gallina le vienen las patas de gallo. Más inhalaciones abismales.

Ladilla, ladilla! Qué ladilla! ¡Mejor pienso en la rodilla y así no me fijo en esa nueva arruguilla…o me como un chocolate..¡Qué maravilla!

10 de julio de 2009…planeando salir a trotar, sonriente me paro de esta silla…acá en San Antonio…a ver quién me pilla!?

(Ladilla: Término de uso común, aunque poco elegante, en Venezuela. Se utiliza como sinónimo de fastidio…solo que más fastidioso. Por lo menos así lo entendí cuando vivía en Caracas)

RONQUES

Posted: 5 July, 2009 in 2009

 

DELETE, DELETE, DELETE, BORRAR, BORRAR, BORRAR. Me he levantado de la cama y he venido acá, a mi computador, para ver si con ayuda de la tecnología puedo hacer algo con esos ruidos: los ronquidos de Roque. Los ronquidos de Ronque. Ronque, Ronque, Rooooooooque. Roooooque. Roque. Rooooooque.

 

He escrito su nombre en esta máquina y lo he borrado ya varias veces, pero nada, los ruidos continúan. Rooooonque, Roque, Roooooonque, Roque…..brrrrr….zzzzzz.

 

Quizás usando la tecla de ESCAPE, ESCAPE, ESCAPE, pueda Hipnos, el Dios griego del Sueño, llevarme a un lugar tranquilo, o que se lo lleve a Roque. Enterito. Pero por ahora no funciona. No hay escape. Tampoco hay sueño. A esta hora ese griego suertudo, debe estar dormido. No me escucha. Nadie le ronca en la oreja.

 

CONTROL, CONTROL, CONTROL. Esa tecla tampoco sirve. No me hace caso. No tengo ninguna clase de control sobre Roque ni sus ronquidos. El sigue feliz. Roooooonque, Ronque, aaajjjjjjhjh..ahhhhh. Al mejor estilo de Pedro Picapiedra!

 

HOME, HOME, HOME, HOGAR, HOGAR, HOGAR…quizás si me transporto de regreso a mi casa, a Caracas, a Lima, a donde sea, pueda tener un poco de silencio. De paz. Pero nada. La tecla HOME tampoco sirve!

 

END, END, END, FIN, FIN, FIN ..éste sí creo que es el final…el final de este matrimonio por falta de sueño. Vuelvo a presionar la tecla…END, END, END. Si aprieto con bastante fuerza? Si le doy duro (a la tecla, claro!)? ..quizás funcione…como alguna gente lo hace al llamar los ascensores. Quizás es verdadera esa técnica! Estoy desesperada! Que por favor sea el final de esta noche. END, END, END. Que amanezca y vuelva el silencio matinal. Que canten los pajaritos o hasta el gallo del vecino, no importa! Pero nada. Y ahora parece que apreté la tecla de SHIFT, MAYUSCULA. Auxilio! El ruido crece..es mayor..dónde está la tecla de MINUSCULA?. No hay! No la veo! El teclado no la tiene! Solo puedo apretar SHIFT, SHIFT, SHIFT…y el ruido crece, crece, crece. Tampoco funciona ESCAPE, ESCAPE, ESCAPE!!

Debajo de DELETE, dice BREAK..ahhhh….lo agarré….jejejeje….eso significa que puedo ROMPERLE el sueño. Borrarle el sueño. No! No es posible. Sigue el ruido y no hay descanso…otro ronquido…no!! Y si retrocedo…BACKSPACE, BACKSPACEREGRESO por mi ESPACIO, regreso al principio, PAGE UP, PAGINA ARRIBA…sube, sube, retrocedo, retrocedo, retrocedo al momento antes en que se quedó dormido, y luego, no lo dejo dormir. Que no fastidie!

 

Nada. Cualquier intento de corregir la noche con este teclado es imposible!

Me rindo. Mejor aprieto la tecla de ENTER y me METO en la cama. Por lo menos trataré de reposar. Descansaré algo, aunque sea con ruido. Pero me pregunto, que pasaría si antes de dormir presiono las teclas END, ESCAPE, BACK, HOME?

Lo voy a hacer, quizás este sea el FIN y pueda ESCAPAR de REGRESO a mi anterior HOGAR.

Haré la prueba.

Escrito por mi, Rossana, medio dormida, a cualquier hora de la madrugada, en San Antonio. Un día de mayo del 2009. Todos los días, o mejor dicho, las noches, SUENAN igual!

PD. Acaba de amanecer y Roque ya me dejó dormir, aunque sea un poquito. Al despertar, me abrazó y me dio un cariñoso besito de buenos días!! Caramba! Lo he tenido que dejar allí solito, (cómo lo extraño!), para venir corriendo a este teclado a escribir arrepentida DELETE, DELETE, DELETE, y ver si puedo eliminar el END, ESCAPE, BACK, HOME programado! Felizmente pude!

Que cariñoso es mi Roquito!

No hay decisión en esta vida que se pueda tomar con sueño, malestar y rabia. Pensándolo bien, seré algo precavida y en lugar de DELETE, DELETE, DELETE, la próxima vez, puedo usar las funciones de SLEEP, DORMIR, la de HIBERNATE, HIBERNAR, la de PAUSA o STAND BY o por último la de BYE BYE! Siempre hay alternativas.

ZUMBADOS

Posted: 4 July, 2009 in 2009

Confieso que he estado ensayando. Tengo que poder con la zumba. He seguido con las clases para llevar el compás…del baile, de la vida. No son sencillos.

Se puede practicar bailar. No se puede practicar vivir. Se vive y listo.

Me levanto del suelo. No me quiero caer de nuevo. Me paro sin equilibrio, pero me paro.

Así como me compré los zapatos de spinning, que dicen son mejores para la bicicleta, me compré zapatillas de zumba. ¿Y dónde venden el calzado para la vida? Zapatos de vida. ¡Mi vida, quiero esos zapatos! ¿Habrá algún modelillo que venga con ritmo?

Gasolina:
Y acá otra vez distraída estoy en media clase de baile. ¡Cómo se me puede ir la mente, escapándose de la pista y luego vuelve el regetón y me olvido de todo y veo a tanta gente zumbando y flotando, dejando atrás de cada paso la vida movida para aflojarla un poco, salga como salga, venga como venga, levantando los brazos para darle la bienvenida! “¡Dame más gasolina! ¡A ella le gusta la gasolina!”

La puerta:
He decidido pararme frente a una puerta. No para escaparme, aunque tiene un letrero bastante tentador que dice que puede usarse en caso de emergencia y a veces la tengo. ¿Pero acaso la vida debe tener una puerta de escape? Tampoco el baile. En realidad uso la puerta porque no tiene espejo. Buen truco. Ya no importa si llevo o no el ritmo y creo que desde que no me importa bailo mejor. Y si no lo hago, tampoco me interesa. Bailo con mi pañuelo de Shakira a la cadera lleno de moneditas arabescas y ruidosas y punto. “¡Encontré ojos así como los que tienes tú!”

La ola:
Ahora puedo seguir al grupo sin que se me venga encima. La ola me lleva pero no me hunde. En realidad creo que lo único que hago mejor son las pataditas. Con los brazos todavía no voy bien. Chapoteo. Y claro… tengo zapatos de baile…pero para los brazos no venden nada. ¡Ay, cuidado señora, mejor ni se me acerque mucho! Casi le doy un feroz maracaso a esa pobre mujer. “Y dale maraca y maraca y dale maraca y maraca…y hay más…!” “¿Qué hiciste abusadora? ¿Qué hiciste abusadora?….abusadora….!”

El ventilador:
¡Señor, usted hoy se me arrima o lo piso! El baile es baile. El cuento del ventilador servirá de letra para alguna airosa canción, pero no me venga usted a mí con esa salsa. Lo miro con cara seria y profesional al amigo y éste se va pegando brincos hacia otra esquina. El baile del canguro, seguro. “La vaca, la misma vaca, muuuu! La vaca, la misma vaca…!”

La fuerza:
He decidido vestirme, calzar y hacer palmas como el séquito danzante. “Bate que bate el chocolate….mayonesa….me he encontrado bailando sola… No sé ni cómo me llamo, ni dónde vivo….. ni me interesa!”
Ni zumbados ni zumbidos, nada me va a dejar abajo, ni atrás ni a los costados. “Mueve la barriguita…así, así, así, con el ombliguito afuera, hay mira qué bonito..!

Luego de una hora de rumba, Magda la profesora, feliz y poderosa termina su clase, impartiendo una sonrisa, una sonrisa Magda.

Y yo ni me miro al espejo…pues se me vendría la horda encima, con zumbidos y otros ruidos y terminaría adolorida con el baile del moretón. Ese ritmo es otro ritmo y termina esta canción.
Rossana Sala, en San Antonio, Texas, hoy 4 de julio. God Bless America.

ZUMBA QUE ZUMBA

Posted: 11 June, 2009 in 2009

Acá siguiendo adelante con mi vida. Bueno, a veces voy también hacia los costados o hacia atrás, pues sin ritmo y sin decoro asisto a unas clases de baile: “Zumba”, así le dicen. No sé si por el ritmo de la música, que hace que te zumben los oídos, o porque hay que moverse como un mosquito, de esos que zumban apurados a media noche y sin sigilo! Pero zumba que te zumba, allí me encuentro yo entre tanta gente sonriente  y zumbante.

Se supone que este baile es de  movimientos sencillos, fáciles de seguir, incluso para los más descoordinados, que solo es cosa de dejarse llevar por la música.

Comienza el calentamiento. Yo no sé cómo bailar, veo difícil hacerlo.

La profesora tiene un séquito de expertas, que se visten y calzan como ella. Le dan duro al baile, paso a paso. Yo estoy escondida, por la última fila. Mis zumbidos son discretos entre merengues, salsa y maracas.

No es fácil mover los brazos al ritmo de las piernas, la cabeza, los hombros, la barriga, la espalda. El esqueleto es demasiado complejo.

Un niño está parado mirando atónito entre tanto bailarín. La mami lo trajo al baile al pobrecito.

Le pedí al señor de al lado mío que avance para no pisarlo, pero no quiso. Con una señal y un movimiento danzal me dijo que el ventilador se encuentra donde él está parado y que de allí nadie lo saca.

Una señora llega tarde, pero elegante, con tacos y con tapones de oídos, de esos que dan en los aviones…y se mueve a un ritmo provocativo, es decir, como le provoca, con su peinado alto y pegado. ¡Impecable!

¡Qué baile! ¡Qué ritmo! Todos estamos tan felices.

Este ritmo no es nuevo, no es cosa de ahora”… empieza la canción, mientras una bailarina se bambolea ya sin maracas.

Yo en ese momento perdí el paso. Luego me miré al espejo orgullosa viendo que por fin lo había recuperado. Falsa alarma. Era el reflejo de la profesora  bailando  al mejor estilo  puertorriqueño. Yo no lo tengo. Yo casi pierdo el zapato.

Mueve la colita mamita rica”  instiga la música mientras todos aplauden ilusionados.  Luego se menean al sofocante compás de la aspiradora, de la lavadora y de la batidora. “Bate que bate.  Así, así, así,  izquierda, derecha, bátela! Mueve la colita! Suavecito, relajadito! Bésame suavecito! BE-SA-ME!”….Bate que bate, se retuerce la gente, mientras yo sigo mi discreto pasito de cuchillo eléctrico, última degeneración.

Voy a tener que practicar bastante, pienso. Mejor me paro y miro, acá estoy como traspapelada. Yo estoy acostumbrada a la oficina, a las computadoras, documentos y lapiceros, no a las maracas, chispitas y las notas musicales. Caramba, me distraje, se me viene el grupo encima y en pleno movimiento de la ola. Yo que solo quería mirar, ahora tengo que avanzar y luego detenerme levantando un pie y el otro. “¡Patada de burro! ¡Patada de burro!” vocifera la canción….mientras la gente se moviliza apabullante levantando sus extremidades tratando de destacar! “To to to, ta ta…y dale…to to to, ta ta , la cintura, la cintura”  No puedo! “Nononono…tatatatata, to to to to to”,  yo no, yo no, yo no! “!Patada de burro! ¡Quijada de burro! ¡Una nalgadita! ¡Otra nalgadita!” Viene el cambio de pie y de nalgadita. Suave…”que sea suave la nalgadita”.

“!Todas las mujeres ombliguito, que se suban la blusa. Mueve la barriguita. Como dice mi cuate!” ¿Dónde estoy? Nalgadita en círculos y con subida de pierna. Batidora nalgadita. ¡Me caigo! Patadita de caballo. Rebuzno de burro. ¡Nalgadita! ¡Mambo! ¡Mambo! ¡Nalgadita!  Mucha nalgadita “¡MEAO, MEAO, MEAO,!” alborota el canto ahora en todos los ritmos  posibles. ¿Qué es ésto? “Brazos arriba, brazos abajo, el gato pelao, el grito pelao. MEEEEAO, MEEAO, MEAO, MEAO, MEEEEAOOO” Yo otra vez me paro, miro, escucho, me sorprendo y pienso: ¿que “meao” aquí? Y de nuevo me atacan las hordas, algunas flacas y algunas gordas.

Bom, bom, bom, bom, bom” golpetean los tambores…. “!uuuaaaauuu!” amenza la música… “!uauuu!”, fuerza al brazo, “!uauauuuu!” Tarzán y Chita…”!uauauuu!” …el corazón palpita…el reino animal se siente…“!uauuu!”…el grupo avanza… “!uauauuu!”….la diosa zumbera zumba mientras su cortejo la aclama…ritmos telúricos nos alcanzan… “!uauuu!..!uauauuu!” …una mujer saca la lengua puntiaguda, contorsiones sospechosas, movimientos huesudos…cuchillo eléctrico… “!uauuuu!” ululea Tarzán y  decide que es mejor irse. “Tarzán no quedarse acá”.

Un movimiento sexy”….nos invade la bomba, manos a la cabeza, manos a la cintura, que susto, no me quiero ver! ¡Deberían sacar de allí ese espejo! ¡Ni suavecito, ni pa’ abajo, ni pa’ arriba! ¡Me distraigo nuevamente y otra vez se me viene el grupo encima! ¡Me caigo! !Me pisan! ¡Acá estoy! ¡Mírenme! ¡Cuidado abajo! “!ACABALO!” ordena la música a mi favor, mientras  le doy gracias a Dios y empieza la tonada de estiramiento, el Titanic, relajación. ¡Posición final de ballet!

¡Aplausos y Olé!

San Antonio, junio 2009.  Todavía perdida entre tantos zapatos.

Nota: Algo que escribí sobre otra actividad deportiva en la que incusrioné años después…https://rodandoentrelineas.wordpress.com/2012/08/18/girenzumat-ahhhh/

NO PUEDO CREERLO

Posted: 24 May, 2009 in 2009

Parece que las cosas van mejor de lo que esperaba.

Después de viajar, conversar, deprimirme, sonreír, agotarme, cenar, almorzar, tomar café, ir en metro, perder el taco, alarmar, apurarme, asistir a congresos, leer, estudiar, mandar hojas de vida, hacer llamadas, repartir tarjetas, aprender, tratar de relajarme, conversar, preocuparme, buscar contactos, escuchar sugerencias, fotocopiar papeles, tramitar documentos, hacer más llamadas, enviar correos electrónicos, recibir negativas, recibir saludos, recibir despidos, conocer a gente, saludar amigos, esperar horas, esperar días y volver a hacer todo una y otra vez, parece que me van a contratar.

Ya no estaré destinada exclusivamente a lavar platos, limpiar la casa, flojear, andar con chancletas y ruleros en el pelo. Tampoco me dedicaré a hervir en exceso las papas o el agua, ni a quemar el pan.No tendré que cortarme los dedos del pie al tratar de cocinar usando mi ruidosa receta que consiste en dejar caer el cuchillo al suelo con audacia y perpendicularidad, lo que he logrado hacer hasta en dos ocasiones con bastante éxito y cierta pesadumbre.

Quizás he tenido suerte: hasta ahora las lesiones, estomacales y físicas, no han sido mayores y además esta semana me confirman si empiezo a trabajar como consultora externa para una firma de abogados.

Ahora me pregunto, en tembloroso silencio, si después de un tiempo, no querré volver a los platos, a la aspiradora monstruosa y azul, al cuchillo afilado, a las tiernas papas y al pan tostado a la rabiatta. ¡Mamma mia! “!Mamma, here I go again!” al ritmo de Abba y de la propia vida. !Mamma!

San Antonio, 24 de mayo 2009. Todavía sin poder creerlo.

Pues esperé y esperé…y hoy, 7 de julio me confirmaron…ya tengo visa de trabajo y mañana empiezo! Aleluya, aleluya! Es por algunas horas a la semana…pero es!