LA FLECHA ROJA

Posted: 25 October, 2019 in 2020
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 –Anda, la vas a pasar bien. Te vas a distraer y olvidar de la ciudad. Con seguridad algo se te ocurrirá.

Me había dicho Teresa con su especial cariño de amigos perpetuos recomendándome el lugar: una casita rodeada de árboles eternos, de esas en las que te dejan la llave debajo de la alfombra y jamás llegas a ver la cara del dueño.

Salgo a las siete de la mañana.  Quiero aprovechar la luz del sol para caminar en el bosque. 

Me acompaña en mi mochila Juan Rulfo. Pedro Páramo, su novela.  Cargo también una libreta de notas y unos cuantos lapiceros de tinta de diferentes colores. No sé por qué, pero tengo la vieja costumbre de separar por colores los párrafos y las ideas de mis historias. A mi edad, todavía no he podido encajar con la tecnología. Tampoco hago mucho deporte, así que eso de caminar por las montañas no es usual en mí.

IMG_1475La mañana es fresca. El viento suave. La ruta está marcada por una flecha roja que debo seguir hasta llegar al rio, como señalaban las indicaciones dejadas por mi querida amiga en la puerta de mi refrigeradora.

El crujir de las hojas de los árboles al atravesar la vegetación, me da cierto temor. 

Temor a no encontrar el camino. En realidad, ¿me importa eso?

A quedarme solo en la vida; aunque esa es mi costumbre. Después de todo, siempre cambio de trabajo, de novia y, para mí, nada ni nadie es suficiente, como se encarga de repetirme Teresa.  ¿Es necesario acaso vivir con alguien? Le pregunto a ella sin recibir respuesta.

Miedo a que, estando rodeado de montañas, quiera regresar a la ciudad: a las bocinas y pitos de las calles, al olor a aceite caliente de motor, al cemento, al cielo de cartón, al café de la esquina o al pan con chorizo de la carretilla del viejo Martin. En realidad, no me afectaría dejar todo eso.

¿A Teresa?

A no inventar alguna historia: hace casi seis meses que no escribo. 

 “Samuel Carrasco, setenta años, ha publicado solo una novela. Todo un éxito literario. Éxito que nadie sabe si él mismo podrá superar.”

Dijeron las noticias después de mi última entrevista.

Pero si el mundo tiene ya suficientes libros, historias, cuentos. ¿Hace falta un escritor más?

Qué tranquilidad siento al escuchar cantar a los pájaros en medio del silencio, descubrir el vuelo calmado de unas mariposas azules y respirar la humedad de la hierba.

Y aquí estoy yo, tres años después de la publicación de mi gran novela, mi única novela, siguiendo una flecha roja, rodeado de árboles y flores, con una mochila al hombro, lapiceros de colores y una libreta en blanco.

Me quito la chalina y una de las chaquetas. Tomo agua. Me tropiezo y ensucio de barro mis manos. Me detengo para contemplar los árboles. Son inmensos. No soy experto en naturaleza por lo que decido que son pinos. También decido que los otros, los de hojas más suaves y claras, son robles, y algunos, los más altos y de gruesos troncos, son cedros. 

Se me ocurre que los pájaros que me acompañan con sus silbidos y reclamos son jilgueros y palomas, y que las distintas flores son simplemente geranios. 

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Y mientras sigo la flecha roja, una azul me distrae. Entonces cambio de flecha. Sigo la nueva por ser más resplandeciente y, sin embargo, a los pocos metros, descubro una verde que me parece más larga, más fuerte y después una amarilla, que considero más alegre, por lo que vuelvo a modificar mi destino.

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Es en esos cambios de rumbo, que pierdo todas las flechas y aunque, por la hora, el sol debería estar brillando, el bosque está oscuro y mi camino perdido.  

Envuelto en mis pensamientos, en el olor a cedro o mejor a roble, en las ideas para un cuento que no llego a alcanzar, me encuentro frente a una cabaña.

Sus gruesos troncos marrones y rojizos, el techo a dos aguas de simetría perfecta, aquel letrero que da la bienvenida yel humo de la chimenea que calienta el cielo, me invitan a acercarme a la puerta sin preocupación. La toco con delicadeza. Nadie me abre por lo que insisto con fuerza.

Allí, parado, imagino al dueño del lugar. ¿Sería un ermitaño? O un asesino. A lo mejor un psicópata. El principio de mi esperada novela.

La humedad de ese bosque cerrado comienza a invadir mis huesos. 

Me asomo a una de las ventanas para mirar el interior de la cabaña.

Y allí estoy yo, Samuel Carrasco, sentado a una mesa cuadrada, rodeado de libros, cuadernos y libretas, escribiendo.

¿Cómo es posible que yo esté allí?

No me detengo ni para tomar un sorbo de esa taza, con seguridad de té negro, que dejará de humear sin ser probada.

Alguien se le acerca a ese hombre que por su apariencia debo ser yo, pero que por el ímpetu con el que trabaja, es imposible.

El sujeto se pone de pie apoyándose en el respaldar de la silla.

¿Pero cuántos años tengo?

De un momento a otro, el hombre y su acompañante, una mujer, desparecen de mi vista. 

El crujido de la puerta principal llama mi atención.

–Ten cuidado, Teresita. Vamos. Necesito comprar lapiceros antes de que se me escapen las ideas.

Dice el hombre al agacharse, sujetándose de la perilla, para esconder una llave bajo la alfombra.

Los veo irse. Tomados de la mano, cada uno con su bastón, siguen el camino de pinos, cedros, jilgueros, palomas, simplemente geranios, lo que yo decida, marcados por fin por una sola flecha: la roja.

Rossana Sala

Octubre 2019

Comments
  1. Nelson Zuluaica says:

    Con todo respeto disiento de la opinión de Pepe, en el sentido de que a tu cuento “le falta el factor sorpresa”. El hecho es que cada cuento comienza, se desenvuelve y termina según su propia dinámica interna. Tu cuento es realmente hermoso, refrescante, y su final perfecto. Emotivo viaje a través de un bosque encantado, dudas y reflexiones que acompañan por siempre a todo escritor. Tu cuento incluye, además, un homenaje a Juan Rulfo. Definitivamente me encantan tus incursiones en el maravilloso universo de la literatura “surrealista”, si así puede llamarse.
    Un abrazo desde la distancia, y mejor desde la distancia por lo del virus que nos asedia.

  2. Anonymous says:

    Querida Rossanita,, a este cuento le falta el factor sorpresa, que tu manejas muy bien.La trama y el desenlae son predecibles; mas no implica que esté bien escrito. Felicitaciones. PEPE. ¿ Te has animado a escribir tu primera novela?

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