Las aventuras de Carlitos y Algodón Dulce (cuento corto) Segunda parte de Una Nube para Carlitos

Posted: 26 July, 2019 in 2020
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IMG_0985Algodón Dulce, la llama de Carlitos, es blanca y muy suave.

Carlitos, tiene diez años, blue jeans, gorra amarilla y sonrisa traviesa. Le hace cariño, conversa y juega con su llama. Le da de comer pasto tierno y la lleva de paseo al campo.

–¡Ven, salta! ¡Seguro que te va a gustar esta laguna!  –le dice sin acercarse mucho a la cara de su mascota para que no le escupa. Porque las llamas cuando se asustan, lanzan su saliva como proyectiles, muy lejos y muy fuerte, y a Carlitos no le gusta mucho eso.

Algodón Dulce hace piruetas.

IMG_0990Están felices.

Pero de pronto, la juguetona llama deja de caminar.

¿Qué le pasa?

Algodón Dulce, abre sus ojos redondos como platos y brillantes como piedras negras y bate sus blancas pestañotas.

No contesta y se esconde detrás del viejo tronco de un molle.

–¡Ay! ¡Mi patita! ¡Me duele! –dice sentándose bajo la sombra del árbol.

Carlitos se acerca a su mascota y se agacha para ver qué le ha pasado.

La quiere mucho y le gusta cuidarla. Le levanta la pata delantera para revisarla.

–Se te ha metido una astilla entre los dos dedotes de tu pezuña –le dice acariciándole la pata.

–¿Una astilla? ¡Suena horrible! –dice la llama moviendo sus puntiagudas orejas.

–Es solo un pedazo de madera. No te preocupes.

–¿Me la puedes sacar? Me duele mucho. Yo solo estaba jugando –Algodón Dulce se lame la pata con su áspera y larga lengua.

Carlitos le sopla la herida y le hace cariño en la panza redonda, peluda y tan suave que parece una nube.

–A cualquiera le puede pasar, Algodoncito. No es tu culpa.

Pero el niño no sabe cómo sacarle la astilla a su mascota. La acaricia otra vez.

Necesita ir al pueblo por ayuda.

–No te preocupes Algodón Dulce, seguro que encontramos la forma de traer al doctor para que te cure.

El muchacho y su llama se ponen a planear qué hacer. Dos cabezas siempre piensan mejor que una, ellos lo saben muy bien.

–¡Hola! ¿Qué hacen por acá?

Algodón Dulce y Carlitos sonríen.

Esa voz la conocen muy bien.

–¡Es mi hermanita, Esponja Rosada! –dice Algodón Dulce pegando un brinco, olvidándose por un segundo del dolor en su pata.

Y allí está ella, suave, elegante y, por supuesto, rosada, saltando de un lado a otro por el campo.

–Vine a jugar con ustedes.

–¿Nos puedes ayudar? A tu hermano se le ha metido una astilla en la pata y le duele al caminar. Tenemos que ir por el doctor al pueblo.

–¡Vamos! –le dice Esponja Rosada al niño–. Súbete a mi lomo que dando brincos te llevo.

–¿Brincos? –se preocupa Carlitos acomodándose la gorra y sujetándose con fuerza de la acolchada lana del animal –. Pero, por favor, con cuidado y nada de escupir.

–¡Yo no hago eso! ¡Soy muy educada! ¡Una perfecta llama! –dice traviesa Esponja Rosada despidiéndose de su hermano con la cola.

Y así, Carlitos y Esponja Rosada se van al pueblo en busca del doctor.

Mientras espera, Algodón Dulce decide tomar una siesta bajo la sombra del molle.

El cielo está azul. Falta poco para la hora del almuerzo y empieza a hacer calor.

–Qué bueno que me van a sacar la astilla de la patita –piensa Algodón Dulce y se queda dormido.

IMG_0986Al abrir los ojos, Algodón Dulce se encuentra con Carlitos y su gorra amarilla y el doctor y su mandil blanco, que lo miran muy atentos mientras Esponja Rosada, revoltosa como siempre, persigue mariposas cerca de la laguna.

–¡Ya no me duele nada! –dice Algodón Dulce mostrando sus graciosos dientes inferiores.

–Mi dulce Algodón Dulce –dice el niño apachurrando a su mascota –. Mientras dormías el doctor te sacó la astilla. ¡Ni te diste cuenta! Gracias a tu hermana, pude llegar al pueblo muy rápido.

–¡Qué bueno! –dice Algodón Dulce agachando la cabeza para mirarse la pezuña.

–Ahora vamos a la casa para que descanses –dice el doctor.

–Otro día venimos con Esponja Rosada a la laguna para que se diviertan en este campo tan verde, lleno de margaritas –dice Carlitos.

–¡Y de mariposas! –dice ella feliz.

–¡Yo también quiero venir con ustedes! –dice el doctor parándose de un gran brinco.

–¡Salta como una llama! –bromea el niño.

Todos se ríen.

Carlitos, el doctor, Algodón Dulce y Esponja Rosada, regresan a casa.

Ha sido un día muy largo y están cansados, pero felices de estar juntos.

 

Rossana Sala

Junio 2019

 

Segunda parte del cuento “Una Nube para Carlitos” publicado en este blog

 

 

 

 

Comments
  1. carmen estremadoyro says:

    Me encantó este cuento, me gusta que tenga un final, en este caso tiene un final feliz. En tus otros cuentos me quedo con las ganas de saber qué pasó…?

  2. Anonymous says:

    Otra cosa, lindos los dibujos, serán tuyos?

  3. Anonymous says:

    Muy lindo tu cuento de la llama Rossana, aunque no me gustó el nombre que le pusiste. Por primera vez tu cuento no me deja con pena o con miedo!

    • Rossana Sala says:

      Gracias. El comentario me vino anónimo. Me alegro que te gustara el cuento. La historia es larga. Son tres cuentos que escribí a un niño en Chile. En este caso, a través de las llamitas trato de representar a dos hermanos que se ayudan. Gracias por tu comentario. Los dibujos los busco o tomo fotos y luego los pinto o modifico con aplicaciones de internet. Saludos!

  4. Nelson Zuluaica says:

    ¡Hola Rossana!; le leí tu cuento a mi nietecita Isabela, de diez años, y le encantó. Mil gracias.

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