INSTRUCCIONES PARA DORMIR EN PLENO VUELO

Posted: 17 May, 2019 in 2019
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A estas alturas de la tierra, intento dormir en pleno vuelo.

Busco acoplar mi cuerpo a mi asiento treinta y siete “d”. Pongo en mi cuello la pequeña almohada que me entregaron al despegar y, la manta que también me dieron la coloco con cuidado en la parte baja de mi espalda.

No estoy cómoda.

Deslizo la almohada bajo mi codo izquierdo. Molesto al señor sentado al lado mío, por lo que la retiro sin aspavientos.

¡Hay Julio, Julito Cortázar! ¡Si, teniendo en cuenta tumajestuosa talla e inconmensurable ingenio,entre tantas historias que le dejaste al mundo, tan solo hubieras escrito “Instrucciones para dormir en pleno vuelo”!

Tres de la mañana. El avión despegó hace cincuenta minutos de Lima. Faltan más de diez horas para llegar a Madrid.

Mi vecino de viaje, usa un cojín esponjoso que trajo para descansar su cuello. Se le ve tan tranquilo.

Estoy sentada al lado del pasillo. Se me cae la almohada. La recojo antes de que la pisen. Miro a mi alrededor. Se resbala mi manta, también el libro que ya no leo. Envidio a una mujer que usa su chaqueta para reposar la cabeza.

Escucho al muchacho sentado delante de mí. Ronca. ¿Cómo pudo llegar a ese letargo?

Más adelante veo a un niño, afortunada criatura. Sus quizás diez años le permiten crear un apacible nido en su silla, mientras deja caer sus acaramelados rizos en el suave hombro de una mujer, con seguridad su madre. Ella vela por su sueño mientrasacaricia el pelo del pequeño.

¡Ay Cortázar, Cortazitar! Tus casi dos metros de altura te hubieran permitido escribir con pormenores y éxito certero la técnica para amoldarse en una de estas sillas insensibles, nefastas y severas a las que están obligados a resignarse en medio de prolongadas turbulencias nuestros afligidos cuerpos, zarandeándose por el mundo, hora tras hora, aprisionado y sin sosiego.

¡Ay Julio, Julito Cortázar! Hasta donde sé, nunca escribiste instrucciones para dormir en pleno vuelo y es por eso que me veo forzada a hacerlo ahora, en este estrecho momento y para ello, procuraré inspirarme (sin tu permiso porque ya estás muerto), de tus instrucciones para llorar, para subir escaleras, para cantar y de algunas otras que por allí recuerdo:

“Dormir en un avión, consiste en ajustar el cuerpo en una silla intransigente, reclinar los pocos centímetros que el respaldar permite, mientras sigue las instrucciones para llorar con una contracción general del rostro y un sonido espasmódico de la columna vertebral, que anuncia que, por fin, su humanidad encontró acomodo.

Pero no es cierto.

Aproximadamente tres minutos después del espasmo, cinco para los más afortunados, la columna, cual serpiente invertebrada, buscará nuevamente una posición placentera, pero esta vez acompañada de sus brazos que no encuentran espacio a los lados del oprimido cuerpo, y de las piernas que, entre bolsas y maletines, no tienen lugar bajo el asiento delantero.

Abra la ventilación que tiene casi al alcance de la mano, en el techo.

Para dormir, dirija su imaginación hacia usted mismo, mírese de lejos, como si lo hiciera desde una nube y observe a aquellos que viajan en primera clase. Desparramados en sus dóciles butacas, con una copa de champaña al lado. Parecen sonreír, pero duermen.

Olvídese por ahora de ellos. Tápese la cara usando ambas manos con las palmas hacia adentro. Para eso, apoye sus codos en la mesita para almorzar y concéntrese. Piense en un mejor trabajo que le permita volar en las primeras filas del avión como si fuera un holgazán, un rey, una reina o un magnífico caballero.

Duración media de esta posición: siete minutos (de tener suerte).

Busque con la mirada la puerta de escape. En su recorrido, encontrará tanta gente que intenta dormir. Descubrirá con beneplácito que no está solo en el intento. Unos usarán su gorra para tapar sus ojos, otros apoyarán su frente sobre la mesa delantera, dos o tres dejarán caer la mandíbula hasta casi chocar su pecho.

Las computadoras, celulares, IPads, descansarán en las manos de sus obsesivos dueños.

Al ver por fin la puerta de escape, piense enlas instrucciones de Cortázar para tener miedo. ¿Porqué las escribió? ¿Porqué son breves?

¿Porqué hay una anciana con pesados lentes, sentada en la fila de emergencia?

Cierre los ojos. No se imagine a esa mujer de avanzada edad en pleno accidente.

Intente acomodar su cuerpo en el respaldar. Extienda esas alitas de la cabecera de su asiento que no sabía que existían. ¿No las alcanza? A Cortázar con seguridad le hubieran servido de mucho. Imagínese que efectivamente le ayudan. Envuelva su manta en el cuello.Siéntala. Es tan suave. ¿Estará limpia? ¿A qué huele? ¿Quién la usó antes? ¿En qué parte del cuerpo se la pusieron?

Apague la ventilación del techo y deje caer con disimulo (además de la manta) su cabeza sobre el hombro de su compañero de viaje. Primero asegúrese de que esa opción le conviene, de lo contrario, aleje su cabeza (y su vida) hacia el pasillo del avión. En muchos casos cualquier vacío es mejor. Acéptelo.

Si la fortuna es suya, en medio de este abrumador estado, podrá batir la mandíbula y ejercitar la lengua para conversar con algún miembro de su familia, amigo o un amor, quizás, que lo acompañen en el viaje. Seguro continúan despiertos.

Existe otro aspecto que no había considerado en medio de estos acalorados aprietos. Me refiero al fortuito y bienaventurado caso de que le toque viajar al lado de una persona agradable (que además sea soltera) y que por cosas de estrechez de sillas y de integración cultural, las distancias requieran acortarse, en cuyo caso, dormir se transformaría en un desperdicio y estas reglas en un disparatado juego.

Para salir de dudas, observe otra vez a su compañero de vuelo.

¿Nada interesante? No se desespere. Después de todo, todavía le queda la opción del sueño y para eso, habría que encontrar el corazón que hace latir la nave para precaverla de los vientos y descubrir un rito para dormir entre las nubes, sobre montañas, océanos, y que los motores nos lleven mansos y orgullosos a la paz completa.

Quizás apliquen las “Instrucciones para subir escaleras”. Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan incómodas.  Quédese sentado, erguido y mire adelante. No deje caer su pesada y aturdida cabeza para ningún lado. La actitud natural consiste en mantenerla recta, los brazos apoyados en los brazos del asiento sin esfuerzo. Respire lenta y regularmente. Cada vez más despacio y, si es posible, empiece a contar ovejas, o mejor nubes, habrá miles en el cielo.”

 

Y justo en ese instante, cuando llegue a la ciento nueve y por fin se imponga el sueño en su agarrotado cuerpo, lo más probable es que el carrito de refrescos lo despierte, que el avión aterrice entre aplausos y que al llegar a su destino, intente averiguar si Cortázar inventó reglas para dormir en pleno vuelo porque las mías son triviales, pues yo no estoy a su altura ni aunque las lean de nuevo.

Ay Cortázar, Julito Cortázar, mejor ya no escribo más cuentos, me dedico a otra cosa y pago por un buen asiento.

 

 

Rossana Sala. Mayo 2019

Comments
  1. Anonymous says:

    No entendí la relación entre Cortazar y la historia. Quizás sea fruto de mi ignorancia!

    • Rossana Sala says:

      Entre sus cuentos, Cortázar escribió Instrucciones para bajar las escaleras y otras que menciono en mi cuenta, pero no escribió instrucciones para dormir en un avión y es por eso que se las reclamo.

  2. Anonymous says:

    Es bueno volver a leer tus historias, y esa renovada vitalidad y felicidad . Interesante historia y muy frecuente para quienes viajan a menudo. Ya llegará quién se siente al lado y sea el correcto, o ya lo hizo y lo dejaste pasar?. Espero leer la continuación, y lo que pasó después del aterrizaje.

  3. Nelson Zuluaica says:

    Hermoso cuento, salpicado de variados y divertidos apuntes. Se siente en tu relato una renovada vitalidad. Gracias, Rossana, por compartir.

  4. Anonymous says:

    Bueno, no se puede parar de leerlo hasta no llegar a su final….o al aterrizaje?

  5. Anonymous says:

    Como hubiese querido facilitar un hombro y acoger ese sueño. Como siempre entretenido y una vez comenzado es imposible no leerlo hasta el final e imaginar la situación, lo único triste es que ahora lo veo desde un asiento distante. No por opción. Espero la continuación…..

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