EL HOMBRE QUE HABÍA VIVIDO DEMASIADO

Posted: 11 April, 2019 in 2019
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IMG_0252.jpgMe fui a un café para tratar de escribir un cuento. Al entrar, a pesar de llevar anteojos oscuros puestos, que hasta un cierto límite me protegían de la edad, noté con ansiedad que un señor con aspecto de haber vivido muchos años, me sonreía.

Me senté lejos del sujeto y sus arrugas, pero no podía dejar de sentirlo observándome con su decrépita mirada.

Abrí mi computador y fijé mis ojos en el teclado para tratar de escribir alguna historia, pero sin poder evitar darle de vez en cuando un vistazo al hombre.

Y allí, sentada, a los pocos minutos, en el desconsuelo y la zozobra de mi tercer divorcio y de mis cincuenta y más o menos años (según quien pregunte), me di cuenta que, al fin y al cabo, el caballero no estaba tan mal. Después de todo tenía pelo, y por el sándwich que se estaba comiendo, con seguridad hasta dientes le quedarían.

Naturales o no, pero dientes.

Esto me trajo a la mente aquella tarde hace unos días, cuando fui a visitar a mi abuelo. Al llegar al asilo, un barullo en el comedor llamó mi atención.

–¡Me han robado el diente! –, escuché quejarse a una anciana–. ¡Seguro lo están usando! –, siguió la mujer con sus reclamos, mientras le explicaban que lo habían llevado a pulir al dentista.

–¡Me lo van a gastar! –refunfuñó.

–Señora –le dije de lejos –, no se preocupe.

–¿Qué cosa? No entiendo –me respondió–. ¡Es que sin dientes no escucho! –agregó ventilando una sonrisa traviesa.

Dejé por unos minutos mis recuerdos para regresar a la mesa en la que trataba de escribir.

El anciano me seguía sonriendo.

“Cuando hay lo que hay, hay lo que hay” recordé haber leído en mi depresión hace unas tardes en un libro de autoayuda. Después de todo, yo ya no era tan joven como pretendía. La verdad, es que si la salud es estable, no nos damos cuenta de los años que nos envuelven el cuerpo sino hasta observarnos en el espejo. Recuerdo todavía con agobio aquella tarde cuando descubrí mis primeras arrugas, ¡Ay no! –me dije al verme– ¡Me estoy mirando en la superficie de aumento! ¡Mis arrugas son obscenas!

Y no.

El espejo no estaba en la parte de aumento.

Opté desde aquel día por la dignidad de los lentes de sol y aprovecho la oportunidad para pedir a quien lea estas líneas, que al morir me entierren con los lentes oscuros bien puestos y no es por pretensión que se los pido, de ninguna manera. ¿Acaso al morir no veremos la luz al final del túnel? No vaya a ser que sin anteojos el brillo me ciegue y después no la encuentre.

–¿Me permite que la acompañe con un café? –me distrajo una voz.

“Cuando hay lo que hay, hay lo que hay” recordé una vez más mi libro de autoayuda al ver al hombre que había vivido mucho sentarse a mi mesa.

Y no, no había vivido mucho.

La verdad es que había vivido demasiado.

Y como aquel espejo de aumento, su vejez emergió con desparpajo al tenerlo cerca.

En ese momento vi aparecer lo que menos hubiera querido en mi vida. Mi tercer ex esposo entraba al café de la mano de una muchachita a quien no tengo tiempo de calificar, o descalificar, como quieran entenderlo.

–¿Tiene lentes de sol? ¿Se los puede poner? Acá le presto los míos, por favor, rápido –le pedí a mi compañero de mesa para salvaguardar mi honra.

Y cuando pensé que lo peor había pasado, el hombre que había vivido demasiado, sonrió.

–¿Pero quien se ha robado sus dientes? –le pregunté pasmada.

“Cuando no hay, no hay”, pensé al ponerme de pie sin inventar excusas y escabullirme al café de al lado para escribir este cuento.

 

(Puede leer la versión en inglés de este cuento: “The man who lived too long”)

Rossana Sala

Abril 2019

Comments
  1. Anonymous says:

    Vaya, cuanto estereotipo en tu relato. La belleza del ser no está en lo físico.

  2. Nelson Zuluaica says:

    Humor oscuro, casi negro, cuasideprimente. En literatura todo es válido. Gracias, Rossana, por compartir tu logos con tus fieles seguidores. Y a propósito, considero que la mujer madura es tan bella como fruto otoñal, y un anciano es tan melancólicamente hermoso como un viejo árbol sin hojas.

  3. Rosa Estremadoyro says:

    Las cosas que se te ocurren ! Que buena imaginación y que buen escrito! Felicitaciones !

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