DE ALGO HAY QUE VIVIR, SEÑORES          

Posted: 9 April, 2019 in 2012, 2019
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IMG_0246Un ruido en la planta baja de la casa me despertó. Los viejos tablones de madera de las gradas avisaban entre crujidos que alguien subía. Mi marido estaba al lado mío, mis hijos de cinco y siete años no acostumbraban bajar al primer piso durante la noche.

–Matías –le susurré a mi esposo tocándole el hombro –. Matías, creo que ha entrado un ladrón.

De un momento a otro mi esposo pegó un brinco, salió de la cama y agarró el bate de baseball que escondía en el ropero. Cuánto hubiera deseado que Matías se despertara tan interesado cuando le pedía otras cosas, pero no era el momento apropiado para empezar con mis reclamos de mujer. La verdad es que, desde hace mucho tiempo, la relación con mi marido era bastante fría.

La puerta de nuestro cuarto de abrió y tres hombres, pistola en mano, nos mostraron el camino a la sala, cosa que nosotros conocíamos de más, pero que preferimos no comentar. Mientras bajábamos las escaleras y le quitaban el bate a Matías, mi mente y corazón estaban en Gabriela y Tadeo, nuestros hijos. Pensé que lo mejor sería no mencionarlos y que siguieran durmiendo. Cual sería nuestra sorpresa, al encontrarlos en el sillón de la sala. No lloraban, pero al vernos se nos acercaron para abrazarnos con mucha fuerza.

Los ladrones ordenaron que nos sentemos.

Y allí, los cuatro, desde el sillón de la sala, vimos como tres sujetos armados y vestidos de negro, bajaban primero las cosas del escritorio de Matías, luego las de los dormitorios y finalmente los juguetes de nuestros hijos. Venían tan cargados que a uno se le cayó una muñeca.

–¿Lo ayudo? –preguntó Gabriela acercándose al ladrón para alcanzarle a Pepita –. Es mi muñeca preferida –le dijo.

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–Gracias –respondió el hombre volviendo a poner la muñeca en la bolsa–. Sus hijos son muy educados, los felicito –agregó.

Sin estar muy segura sobre la pertinencia de mi respuesta, agradecí con media sonrisa el comentario, en el momento en el que otro de los ladrones le ordenaba a mi marido encañonándole con la pistola, que les sirviera algo de tomar, de preferencia cerveza.

Mientras los hombres seguían cargando televisores, computadoras, adornos y cuanto encontraban a su paso para meterlos en mi camioneta que estaba en el garaje, mi marido les sirvió limonada.

–Se nos acabó la cerveza –les dijo.

Uno de los hombres, el más alto, sudoroso y gordo, se tomó de un solo trago el jugo para a continuación decirnos: “Gracias. Los felicito, tienen una linda familia. Ojalá que sus hijos sigan así. Para eso es importante que no escuchen reguetón, no vayan a terminar como nosotros”.

–Si claro, no se preocupe –respondí tomando con fuerza las manos de mis hijos que en ese momento estaban heladas y sin entender cómo podían echarle la culpa de su conducta criminal a la música caribeña.

–Ustedes nos han caído muy bien –dijo otro de los ladrones al volver a entrar a la casa y sin dejar de apuntarnos con la pistola–, así que no se preocupen por la camioneta, es fina ¿no? Está buena como la señora –agregó y otra vez no supe si decir gracias o quedarme callada, pero finalmente opté por un sensato silencio.

–Quizás se la dejemos cerca, pasando el grifo El Sauzal. Si no la encuentran allí esta tarde, es porque nos la llevamos –escuché con la esperanza de que se refirieran a la camioneta.

–¿A mi mujer? –preguntó Matías con seguridad con la esperanza de que se refirieran a mí.

No le respondieron.

En ese momento uno de los hombres tomó la llave de mi camioneta de la entrada de la casa, lindo sombrero dijo al ponerse la gorra de pesca de mi marido, para luego acercarse, darnos la mano y despedirse uno a uno de nosotros que seguíamos sentados, casi estáticos, en el sillón de la sala.

–En otras circunstancias, estoy seguro de que estaríamos comiéndonos juntos un buen chanchito al palo y tomando unas cuantas chelas, pero de algo hay que vivir, señores y espero que nos entiendan –, fue lo último que escuchamos cuando se cerró la puerta.

 

 

(Versión en español de “We must make a living form something)

Comments
  1. Nelson Zuluaica says:

    Sus-pen-so… de principio a fin en este cuento de acción, en el que percibo una tácita compasión en la narradora, quien no se deshace en insultos hacia los ladrones. Te felicito.

GRACIAS POR SU COMENTARIO. PUEDE ESCRIBIRLO Y PRESIONAR "POST COMMENT". NO NECESITA INDICAR SU NOMBRE NI CORREO ELECTRONICO.

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