RUPERTO (cuento corto) Diciembre 2017

Posted: 5 December, 2017 in 2017
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–Y la reina, ¿no me ha llamado la reina?

Nunca supe cómo, desde el día que Inés lo trajo a casa, cambió mi vida.

–Ma, porfa, porfa, dame permiso para que me quede con él.

–¿Pero de dónde lo sacaste?

–Lo vi trepándose un árbol en el parque y escuché que me llamaba. “¡Inés ven por mí!”

–¿Qué historia es esa?

–¿Cómo iba a dejarlo solito si es tan lindo? Además, no tengo mascota. ¡Porfa!

Incrédula, pero ante los ojos resplandecientes de mi hija quien envolvía al gato con sus brazos, no pude decirle que no.

–Tendremos que ponerle un nombre. Averiguar si tiene dueño.

–Ruperto. Si lo acaba de decir ma. ¿No lo oíste? Y ya me contó que no tiene dueño.

Otra vez sin creerle, pero aceptando la imaginación de una niña de diez años, le dije que lo pusiera en el suelo y que “Ruperto” sonaba muy elegante.

El gato, ahora libre y como si me hubiera oído, me miró, estiró su alargado cuerpo y levantó el cuello con cierto aire de nobleza. Pude notar en ese momento que se trataba de un animal muy fino. El color marfil de su pelaje corto, liso y lustroso, los extremos oscuros de sus patas, hocico, orejas y cola, le daban una belleza especial que parecía saber que tenía y disfrutaba lucir.

–¿Me ayudas a darle de comer mami? Ruperto dice que tiene hambre.

Para complacer a mi hija, fui con ella a la cocina, buscamos algunos pocillos en los que pusimos atún y un poco de leche.

Se veía tan feliz mi pequeña. Vestida con jeans, una blusa celeste y ese pelo ensortijado y largo que no quería que le corten hasta que, como ella decía, le llegara a las rodillas, me hacía sentir orgullosa y hasta cierto punto con celos de la capacidad que tenía para reír, soñar y disfrutar de la vida.

Pero, al regresar a la sala, Ruperto ya no estaba.

Antes de que Inés pudiera llamar al gato, un ruido seco salió del escritorio.

Tenía que ser él.

Inés corrió sin darme un segundo para detenerla y yo, por supuesto, fui detrás de ella. Otro ruido aún más fuerte nos hizo detener antes de cruzar la puerta.

La curiosidad pudo más que nuestro miedo así que entramos.

Algunos libros y un florero estaban regados sobre el piso con seguridad por obra del gato.

Allí estaba él, con el cuerpo erguido, cómodamente sentado en dos patas en el viejo sillón Voltaire, contemplándonos.

Su majestuosidad y esos ojos almendrados de un profundo azul luminoso, me hicieron sentir tan pequeña como mi hija para luego quedar estupefacta al confirmar que Ruperto, el gato, efectivamente hablaba.

–¿Trajeron mi copa de leche? –nos preguntó cortés y altanero– Y la reina, ¿No me ha llamado la reina?

En ese momento el teléfono timbró.

 

Rossana Sala. Lima, 2 de diciembre de 2017

 

Comments
  1. Anonymous says:

    te gustan los gatos?

  2. Anonymous says:

    Me dio miedo leer este cuento! Nonestoy segura si me gustó o no!

  3. Renato says:

    ¡Esperando tu próximo cuento! Nos estás convirtiendo en adictos a tus cuentos Rossana.

  4. josé luis piña casapía says:

    Muy bonito tu cuento, Rossana. Uno, como lector, se queda maravillado al descubrir, junto con la madre de la niña, que el gato efectivamente habla!
    Me agrada mucho la suave fluidez del relato y la sorprendente claridad de tu prosa, cuyo efecto es sencillamente mágico.
    Gracias, Rossana, por permitirme hacerte llegar estas mis breves opiniones e impresiones acerca de este bien logrado cuento tuyo.
    Gracias por brindarme tu amable atención, estimada escritora.
    Un cordialísimo abrazo.
    Hasta pronto.

    José Luis

  5. Nelson Zuluaica says:

    Una bella combinación de aparente realismo e inesperado salto en la pura ficción: ¡un gato que habla!, todo ello narrado en un delicioso lenguaje coloquial. Disfruté enormemente tu relato. Mil gracias.

  6. Mario says:

    Fresco, chispeante, imposible no ver a Ruperto en el sillón. Felicitaciones, la versatilidad de tus cuentos hace que uno espere con ansias el próximo. Un beso

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