COMO UN POLLO SIN CABEZA

Posted: 11 June, 2017 in 2017
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En el peor momento de mi vida, yo corría.

Corría por la vida como un pollo solitario sin cabeza que no sabe a dónde ir. Que no quiere luchar, ser feliz, amar y menos aún tener puesta la cabeza una vez más.

—¡Qué alivio! ¡Es un sueño! —pensé al recordar que debía haberme quedado dormida frente a la laguna de aguas turquesas donde disfrutaba muchas tardes bajo el sol y sentía el aire fresco del otoño.

Y sin embargo, no fui capaz de abrir los ojos.

De ver.

Con mucho esfuerzo, me puse de pie.

“¿Seguiría soñando?”

Di vueltas sin sentido hasta topar con algo que me pareció un árbol.

Caí.

Tirada en la grama pensé:

“Ahora sí. Podré levantarme”.

Pero me fue imposible.

Me di cuenta entonces que de haber sido un pollo sin cabeza, ésta vez no la dejaría ir. Correría tras ella llevando mi corazón, hasta encontrarla, quizás por instinto, por su olor. Después de todo, era parte de mi cuerpo, de mi vida, y allí estaban mis ojos, mi cerebro, mis oidos y necesitaba tenerlos conmigo. Ser yo una vez más.

Por tercera vez hice el intento.

No podía fallar.

Con mis manos acaricié la tersura de la grama todavía húmeda por la lluvia de la noche anterior. Moví los dedos. Sentí el aroma de los eucaliptos que crecían en el lugar.

“¿Cuántos años tendrían?”

Recordé cómo era el valle durante mi infancia. En ese entonces, los árboles empezaban a crecer.

Me vino a la mente la imagen de mi madre, con sus ojos grises que solo podian transmitir ternura, contándome que fue su papá quien hizo traer los eucaliptos de Australia.

—Cuando seas grande —me dijo mi abuelo una tarde—, podrás echarte bajo la sombra de éstos àrboles. Serán viejos, inmensos, frondosos. Yo ya no estaré aquí, pero tú sí.

—¿Y llegarán sus ramas hasta el cielo? —le pregunté.

—Seguro que lo harán —me respondió inclinándose con esfuerzo para besar mi frente.

—Entonces, desde el cielo, podrás tocar las hojas más altas y yo desde sus raíces llegaré a ti —le dije.

Y tirada en la grama, volví a sentir las raíces del eucalipto contra el cual me había golpeado.

Y abrí los ojos.

Y descubrí que yo no era un simple pollo sin cabeza.

Fui yo una vez más y pude sonreír.

En el peor momento de mi vida, mi vida estaba allí.

 

Rossana Sala
10 de junio de 2017

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Comments
  1. Siempre es un gusto deleitarme con tus cuentos o relatos cortos. Son como un recreo en la agitada vida que llevamos. Sigue escribiendo y cuando puedas da el salto a una novela, se que no nos defraudaras.
    Un beso,
    Jes.
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  2. Anonymous says:

    Precioso Rossi!! Y el de la Gitana me gustó aún más!!!

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