(EL TÍTULO ESTÁ AL FINAL DEL CUENTO)

Posted: 29 March, 2017 in 2017

—¡Mira! —le dije a mi abuelo una noche señalándole a lo alto el cielo.

—¿Qué pasa Pascal? —me preguntó quitándose su gran sombrero de copa, para no perderse un solo detalle.

Él me conocía bien. Sabía de mis inventos; que me gustaba imaginarme y dibujar  muchas cosas que pocos niños a mi edad podían y, lo mejor de todo, siempre me acompañaba feliz en mis aventuras.

—Es el tren sobre las nubes —le dije—. ¡Parece que quiere atrapar a la Luna!

—¿Y qué esperas? —me respondió—. ¡Vamos!

Esa vez fue el abuelo quien me tomó por sorpresa.

Al observar las nubes, yo podía ver aviones, cometas, trenes voladores, hasta allí llegaban mis ideas, bueno, quizás un poco más lejos,  pero ¿ir con mi abuelo a la Luna?

—Es tarde. Mamá nos espera en la casa y ya sabes lo estricta que es —le dije señalándole el camino de regreso.

Y de pronto, lo vi volar.

—¡Agárrame! —me pidió —¡Ven conmigo!

Entonces, me sujeté duro de una de sus piernas para tratar de detenerlo pero no pude y así, fue así como empezó nuestra travesía.

Cruzamos los árboles del parque. Él gritaba feliz ¡Viva la vida! ¡Viva la vida! y yo le apretaba la pierna con todas mis fuerzas y con la esperanza de no quitarle los pantalones y el zapato y caer de golpe al suelo. Y lo escuchaba decir ¡llévame, llévame a los cielos! ¡Vamos Pascal que el tren nos espera!

Me asusté todavía más cuando miré hacia abajo y me di cuenta de que las bancas del parque, los árboles,  la laguna, todo se hacía cada vez más chiquito.

Cerré bien los ojos con la esperanza que al hacerlo pudiera salir de esa aventura.

—Es un sueño —pensé—. Es solo un sueño. ¡Pero que tonto he sido! ¡Tengo nueve años y a mi edad uno tiene esa clase de ideas!

Y fue justo en ese momento cuando mi cuerpo, todavía bien pegado a la pierna de mi abuelo, empezó a dar vueltas.

Quedé atrapado en un remolino.

—¡No es un sueño, es una pesadilla! —pensé, pero la voz de mi abuelo seguía acompañándome  y gracias a Dios su zapato también.

—¡Ya llegamos! —le oí decir.

De un momento a otro, todo se detuvo.

Y allí estábamos sentados.

Él conducía la locomotora con su sombrero de copa bien puesto.

Yo, todavía mareado, sacaba la cabeza por la ventana para no perderme de nada.

Surcábamos las nubes y, tal como mi abuelo había dicho, nos dirigíamos a la Luna.

—¡Yuhuuu! ¡La Luna! ¡Allá vamos! —exclamó mostrándome sus dientes delanteros  blancos e inmensos que lo hacían ver aún más alegre de lo que ya era.

—¡Abuelo Conejo! ¡Abuelo Conejo! —lo llamé como mis primos y yo siempre le decíamos.

—¡Allá vamos! —gritó haciendo silbar al tren.

Me di cuenta una vez más que, efectivamente, todo tenía que tratarse de un sueño y que debía salir de él antes de llegar a la Luna.

—Abuelo Conejo —le dije poniendo esa vocecita que usaba al pedirle un chocolate o un caramelo—, mamá nos espera en la casa.

Pero mi abuelo siguió su camino.

—Abuelito lindo —le supliqué usando mi mirada de niño sufrido— ¿podemos por favor regresar?

—Mira pequeñito —me dijo enseñándome de nuevo sus largos dientes delanteros —¿acaso no viste lo que llevamos en los vagones de carga?
De un momento a otro, el abuelo viró el timón de la locomotora para hacerle dar una vuelta al tren y que yo pudiera descubrir qué es lo que cargábamos:

Miles y miles de huevos de pascua dorados, verdes, plateados, azules, todos brillantes, enormes, llenaban los vagones. Algunos tenían forma de mariposas, otros de elefantes, de liebres, palomas,  árboles, corazones…

—¡Los dejaremos caer para que los encuentren los niños en el parque! —me dijo entusiasmado— ¡Prepárate para dar muchas vueltas!

Y otra vez el remolino.

Y otra vez la pierna de mi abuelo.

Y su zapato grande y fuerte.

Y su alboroto.

Y su sonrisa.

Y sus dientes delanteros blancos e inmensos.

Y fuimos bajando hasta llegar al parque.

—Mira —me dijo señalándome el cielo—, el tren sobre las nubes. Parece que quiere atrapar a la Luna. ¿Me acompañas?

—No gracias abuelito, esta noche prefiero buscar huevos de Pascua en el parque. ¿Me puedes ayudar a encontrarlos? ¿Tú te encargas de la linterna?

 

Entonces, deslumbrado por la iluminación de la Luna, luego de observar los amplios jardines del palacio, Pascal Le-brochas, gran pintor de ilusiones, estremecido, decidió dar la primera pincelada de su brillante proyecto que él titulaba:

EL JARDÍN DE MI ABUELO CONEJO”

 

 

Rossana Sala   25 de marzo de 2017

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Comments
  1. Mi querida Rossana:
    Siempre nos sorprendes con tu gran imaginación. El cuento infantil es muy ligero, alegre y deveritdo. Sigue escribiendo hasta que te animes a intentar obras mas grandes y dar el salto a la novela. Ojala lo hagas pronto.

  2. Anonymous says:

    Rossana, precioso tu envío. Pleno de imaginación y muy bien escrito. Bien logradas las imágenes, tanto así, que uno se imagina hasta los dibujos para ilustrar el cuento.

  3. Anonymous says:

    Rossana: hermoso cuento “El jardín de mi abuelo conejo.” Con gráficos sería un hermoso libro infantil.

  4. Anonymous says:

    Buen cuento blanco. Atrapa por el ritmo y destila imaginación.
    Y hubiera acabado con el diálogo del niño.

  5. Anonymous says:

    Comentarios de una niña de 8 y una niña de 5 años…

    “Les gustó el título de cuento, “porque los huevos caían en el jardín y tenían figuritas que le encantaban mucho”
    La otra niña dice que “le gustó todo, porque le decía abuelo conejo y se parece al conejo que tienen en su casa. El trencito volador y que los huevos de Pascua caían y que el abuelo lo acompañaba al niño”.”

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