UN OLOR A CHOCOLATE CALIENTE Y CANELA INVADIÓ LA HABITACIÓN

Posted: 2 September, 2016 in 2016
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—Tengo que encontrar  a Teresa —pensó  Melissa al salir a buscar a su hermana.

A Teresa le gustaban los jardines, hurgar, esconderse entre los arbustos. Desde muy pequeña,  le había encantado hacerlo y a sus ocho años, su habilidad para trepar por las ramas era notable.

—Mamá, voy a salir —avisaba, y la madre no volvía a saber de la pequeña durante horas.

—¿Que hará? —se preguntaba sin darle mucha importancia al hecho, ya que al final, su hija, siempre volvía contenta.

Pero una tarde, Teresa no regresó.

—¿Has visto a tu hermana? —le preguntó la madre a Melissa—. Ya debería estar acá.

—Se fue a jugar después de almuerzo —respondió Melissa—. No exageres, má. ¿Acaso se va a perder en el jardín?

Melissa era cinco años mayor que Teresa. Físicamente se parecían: ambas eran delgadas, altas para su edad, tenían el pelo color caramelo y bastante lacio, sin embargo, salvo el amor por el chocolate caliente con canela que les hacía mamá, tenían gustos muy distintos. A Teresa, además de jugar en el jardín y no obstante su corta edad, le encantaba leer. En cambio, la vida de Melissa, se centraba en los amigos y, de vez en cuando, en alguna actividad deportiva.

—¡Anda, llama a tu hermana! —le ordenó la madre a Melissa—, empieza a oscurecer. Dile que les preparé chocolate. A ver si con eso se anima a venir rápido. ¡Con éste frío!

Y Melissa salió escuchando a su madre que hablaba sola que los arbustos y las hierbas, el desorden del patio y la casa del árbol que está muy vieja y seguro que Teresa, ¡ay pobre niña!, se cayó y dio un mal golpe. Pero Melissa sabía que eso era imposible, ya que nadie conocía tan bien la parte posterior de la casa, como  su hermana. Y después de dar algunas vueltas en su búsqueda y de estar de acuerdo con su madre en que al lugar le hacía falta una buena limpieza, Melissa se topó con la pared trasera del jardín.

Y allí, escondida, entre la enramada del maracuyá, había una puerta.

¡Pero si nunca la había visto!

Y estaba abierta.

¿Se habría atrevido su hermana a escapar de la casa?

¿Debía avisarle a su mamá?

Sin pensarlo más, la  traspasó, encontrándose de un momento a otro, en el jardín de los vecinos. Según se decía, la pareja de ancianos que vivió allí, había muerto. Pero lo extraño de todo, era que los dos habían muerto con tan solo algunas horas de diferencia. —Debe ser por amor —comentaba la gente.

Sea como sea, la casa estaba deshabitada.

Melissa atravesó con cuidado el jardín.

El crujir de las hierbas secas al hundir sus pies sobre ellas en la penumbra, la hizo escuchar y hasta sentir, escorpiones, ratas y culebras.

El maullido de un gato (Melissa tenía la esperanza de que fuera solo un gato), la obligó a correr hacia la casa de los vecinos olvidando por algunos segundos a su hermana.

La casa estaba oscura, sin embargo, un golpeteo llamó su atención.

Las teclas de una vieja máquina de escribir no dejaban de sonar haciéndole sentir una nostalgia irremediable.

¿De dónde vendría ese ruido?

Recordó a su padre. Se pasó la vida frente a una vieja máquina escribiendo libros. Melissa nunca los había leído, pero sabía que a los adultos les encantaban las historias que él inventaba. Algunas noches, antes de dormir, a ella también se las contaba.

Pero no era el momento de extrañar a papá.

¿Sería realmente una máquina de escribir? ¿Vivía alguien en esa casa? ¿Los ancianos?

¿Y dónde estaba su hermana?

Con cuidado (para no hacer bulla y para no encontrarse con culebras, escorpiones, gatos y ratas), Melissa se asomó por una de las ventanas.

Le pareció ver una habitación.

La luz estaba apagada.

Buscó la puerta principal de la casa.

Tenía que encontrar a Teresa.

El ruido de la máquina se hacía más fuerte, más rápido.

¿O eran acaso los latidos de su corazón lo que sentía?

Con absoluto cuidado, giró la perilla.

Abrió la puerta.

El chirrido de las viejas bisagras la dejó sin aire.

Entró a la casa.

El olor intenso a madera húmeda saturaba el lugar.

Una luz tenue llamó su atención.

Parecía iluminar algún cuarto. ¿Sería la sala?

El teclado dejó de sonar.

¿La habrían descubierto?

No se detuvo. Tenía que encontrar a su hermana. Con seguridad estaba allí.
La luz de la habitación se apagó.

Melissa sintió frío. Las rodillas le temblaban. No le importó.

—¿Hay alguien allí? —preguntó sorprendiéndose del inusual valor que la hacía seguir.

—¿Estás acá, Teresa? —volvió a preguntar con voz firme mientras se asomaba a la habitación.

La luz volvió a encenderse. Parecía emanar de una vela.

Y allí estaba ella. La pequeña Teresa. Sentada frente a un antiguo escritorio sobre el cual había una inmensa máquina de escribir negra.

Teresa, acomodada sobre varios cojines que había colocado encima de una silla, llevaba puesta una boina de felpa a cuadros azules y rojos, igual a la que usaba su padre, y, lo más sorprendente, en la boca, tenía una pipa. Afortunadamente parecía estar apagada.

—Ven acá —le dijo Teresa a su hermana hablándole con una autoridad insólita en ella mientras acomodaba la pipa sobre un cenicero.

Melissa le hizo caso y, al acercarse, vio en la mesa muchos papeles, decenas de hojas desordenadas, en blanco, arrugadas. Algunas con letras sueltas. Líneas disparejas. De vez en cuando palabras: “jardín”, “ratas”, “velas”…

—Soy una escritora, como era papá, ¿te acuerdas? —le dijo Teresa a su hermana—. Pero ven. Siéntate. Te presto mi silla. ¿Me ayudas? Es una historia sobre una niña que todas las tardes se escapa de su casa para escribir y trata y trata, pero no puede, hasta que un día, su hermana mayor la encuentra, y juntas escriben cada palabra, hasta terminar este cuento.

Un olor a chocolate caliente y canela invadió la habitación.

Rossana Sala. Agosto 2016

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Comments
  1. Anonymous says:

    Lo haces cada vez mejor querida Rossana. Me encanta leer tus cuentos. Los disfruto y me entretengo.

  2. Anonymous says:

    Muy buena historia

  3. sebastiano.1305@gmail.com says:

    Muy buena imaginacion
    Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

  4. Anonymous says:

    Me pareció un cuento interesante. Tiene suspenso. Creo que está bien logrado. Te felicito.

  5. Ramiro says:

    Muy tierno, lo malo que el olor a chocolate es tan fuerte que ya me provocó

  6. Anonymous says:

    Historia intrigante y fascinante, con los finales inesperados que siempre podemos esperar pero nunca sospechar. Siempre fiel a tu original estilo.

  7. pelusa.estremadoyro says:

    Bonita tuvhistoria Rossanita. Como puedes inventar tantas historias en tan poco tiempo. Te admiro.

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