LA JAULA (cuento corto)

Posted: 9 April, 2016 in 2016
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imageFue su error. El error de María fue ése. Crear poemas, creer en ellos.

Por eso vive metida en una jaula.

Allí, en el mercado, la observan cada tarde, cada mañana.

La miran los viejos, la miran los niños, las monjas, los ladrones, los gatos, las carretas.  La olfatean los perros que atraviesan la plaza.

Pero nadie elige su jaula.

Unos pocos, los más arriesgados, se acercan a ella y al leer sus poemas,  con algún gesto de compasión o de desprecio, se marchan sin decir palabra.

Hasta que un día, un anciano de piel oscura y mirada sabia, se detuvo para observarla. Para tratar de entender qué le pasaba a esa mujer de pelo lacio y largo que vivía en el mercado encerrada,  rodeada de papeles, lápices y trapos pero que sonreía sin importarle nada.

-¿Me permites leer eso que escribes?  -le preguntó el anciano.

María sintió frio y levantó la mirada. El sol entibió su rostro. El viento le revolvió el cabello.

Un olor a hierbas secas invadió la plaza.

Otra vez se burlarían de ella, le dirían que es una escritora fracasada, que sus líneas son una farsa, que ese mundo no existe, que ya basta de soñar, que por eso merece vivir en esa jaula.

Pero al ver los ojos tan tristes de ese anciano que la contemplaba, María le entregó un poema, para que se marche pronto, que no se burle de ella ni le diga nada.

-Es para usted  -le respondió María extendiéndole una hoja blanca-. Le pido que lo lea en su casa.

El viejo tomó el manuscrito y se lo llevó sin dar las gracias.

María siguió con sus líneas, metida en esas rejas de fierro que la abrigaban.

No pasó mucho tiempo cuando María, vio al anciano de piel oscura acercarse a su jaula. Volvía con una sonrisa, con una mujer y tres niños que revoloteaban.

Y el hombre se sentó frente a María, frente a su jaula. Hicieron lo mismo los niños y la mujer que los acompañaba.

-Gracias -le dijo el anciano a María-. Gracias por escribir poemas sobre el sol, sobre la vida, sobre el amor y sobre  tantas cosas que no entendemos y no queremos aceptar que existen, los que venimos a esta plaza.

-Léenos más. Queremos historias felices  -le pidió uno de los niños metiendo una mano en la jaula para rebuscar entre las hojas blancas.

Y María, se puso de pie.

Y  leyó poemas de cielos azules y de sus sueños en las montañas.

Y la gente se detuvo a escucharla, a sonreír con ella.

Y abrieron la puerta de su jaula.

Pero no, no lo hicieron para que María salga.

Lo hicieron, para acompañarla.

 

Rossana Sala. 9 de abril de 2016

Comments
  1. Anonymous says:

    El viejo volvió a los pocos días a buscarla, esta vez venía solo y traia la llave de la jaula, al llegar la miró sin decir nada, se sentó junto a ella y la invitó a salir al mundo, a que contara su historia en otros lugares, a otras personas y que juntos recorrieran el camino que tenían por delante…..

  2. Anonymous says:

    Con un final que no esperas. O tal vez sí

  3. Anonymous says:

    Rossana muestra gran sensibilidad, con un estilo sencillo que toca fibra.

    Reflexión: son los cuerdos, los lúcidos, los que ven más allá, los sensibles, los que tienen insight, quienes viven en una “jaula”, pero son ellos mismos que deciden “enjaularse” para estar lejos del mundo material.

  4. Anonymous says:

    Hermoso poema, Rossana. Otro nombre podría ser quizá “los locos felices” o “los seres felices no pertenecen a este mundo”.

  5. Anonymous says:

    Hermoso, muy bueno!!!
    Saludos

  6. Anonymous says:

    Lo máximo otra vez, super lindo.

  7. Norha says:

    Me gustó. Tienes tu estilo para escribir y ya lo distingo, eso me parece que te lo has ganado a fuerza de trabajo.

  8. Anonymous says:

    No me gustó. Me pareció “creepy”.

  9. Anonymous says:

    Seguimos esperando que escribas una novela. Sabemos que no es fácil, pero calidad, imaginación, manejo del lenguaje te sobra.

  10. Anonymous says:

    El viejo le presentó a su hija y a sus nietos, quería enseñarles quién era la que escribía esas palabras que llenaban la vida de colores, de esperanzas, de luz. Se sentó junto a ella y leyeron, uno y mil cuentos que había escrito antes, para deleite de los niños, y le pidió que permaneciera ahí, que pronto volvería, aún arriesgándose a no encontrarla, pues antes debía resolver su historia…..

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