UGH ¿Está usted sola? (RELATO) Febrero 2016

Posted: 5 March, 2016 in 2016

—Tiene la tos de los cien días —sentenció el doctor.

—¿De los cien días? Pero ¿qué es eso?

Y sin entender muy bien la explicación, María regresó a su casa.

Había pasado un mes y medio desde que le empezara la gripe.

La gripe se fue. La tos se quedó.

Nicolás, su esposo también se fue. Es un viaje de trabajo. No puedo evitarlo. Le dijo al salir de casa preocupado al dejarla así, entre tos y tos.

—El médico se equivocó —pensó María aquella noche. Eran las cuatro de la mañana cuando la tos la despertó de golpe. —¿De los cien días? Será de las cien noches —se dijo en pleno ataque engullendo un caramelo para calmar…—¡Ugh!—

¡No, María! ¿Por qué hiciste eso?

Agotada, María no se sentó para chupar el caramelo.

Echada en su cama, se lo metió en la boca en plena etapa previa a esa tos con la que casi convulsionaba.

Y lo aspiró.

Y lo succionaron su cuerpo y su alma.

Y en un instante quedó incrustado en su tráquea sellándose como una tapa.

—Ugh —pensó María con los ojos redondos y vidriosos y con las cejas altas—. ¿Y ahora cómo me saco esta vaina?

Y se sentó.

Y extrañó aún más a su esposo. Si Nicolás estuviera acá, conmigo, me haría alguna maniobra para sacar el caramelo…para que no muera con la boca abierta, despeinada y sin maquillaje con una pastilla atragantada… Cuando me encuentren estaré pálida, triste y con olor a desgracia.

No. No podía perder la vida en aquella facha patibularia. Y se acordó de sus hijos y también de sus nietos. ¿Cómo dejarlos con el perturbador recuerdo de que la abuela murió atorada?

Y sacó fuerza y botó aire y expulsó de porrazo aquella vaina.

Y lloró.

—Toseré cien días y también cien noches— se dijo.

Y al día siguiente se fue al club en la playa.

—El aire fresco,  ayudará a curarme— decidió.

Llevó libros y música.

Un día de sol.

Eso era lo que le hacía falta.

Pero no había un lugar libre. Y caminó mucho rato hasta encontrar una mesa y una sombrilla y una butaca desocupada.

—Lo siento —le dijo una señora—. Mi marido y yo, hemos esperado dos horas por este sitio. ¿Pero cuántos son ustedes? Quizás les podamos prestar algunas bancas.

—Estoy sola —respondió María.

—¿Sola? —preguntó la mujer estupefacta.

Y María les sonrió y siguió su camino en busca de algún lugar para pasar la tarde con sus libros y su música y tomar la siesta que le hacía falta.

Y lejos, muy lejos, encontró lo que buscaba.

—Que suerte tiene —le dijo un señor que la observaba—. Nosotros estuvimos parados por más de dos horas y tú, nada. ¿Cuántos son?

—Estoy sola —respondió María con calma.

—¿Sola y con tantas bancas? ¡Eres afortunada!

Y María decidió salir del club para dar una caminata.

—¿Está usted sola? —le preguntó la mujer que controlaba la puerta que daba acceso a la playa.

María la miró y le respondió sin entender qué pasaba.

Y María caminó a la orilla del mar. Escuchó música, se mojó los pies con el agua fría y salada, pensó en su esposo, sus hijos, sus nietos y le dio gracias a Dios por no haberla dejado morir por culpa de la tos y despeinada.

—¡Ugh!

¡María! Y ahora, ¿qué es lo que te pasa?

Y María cayó al suelo.

Dolor, ardor… De un salto se paró y salió del agua fría y salada.

Su pié derecho enrojecía, le picaba, pero además, sentía que algo se le había clavado.

Y su esposo sabría qué hacer para ayudarla.

Y se le adormeció el dedo y el tobillo y la pantorrilla.

No. No podía morir tirada en la playa, sin arreglar, con los pelos hechos un desastre y (por culpa del agua, claro está) arrugada.

Y no alcanzaría los cien días ni las cien noches de tos y no sabía qué hacer y le dolía y le hincaba.

Y como pudo, entre paso y paso y algo de tos, llegó al club.

Buscó agua dulce. Se lavó el pie.

El dolor empeoró.

image—Le picó una medusa —le dijo el médico de emergencias al sacarle el aguijón con una pinza—. ¿Vino sola?

Y María lo miró sin decir palabra.

—No debe manejar por unas horas —agregó el doctor—. Le pondré un antihistamínico para contrarrestar la alergia.

Y antes de los cien días y también de las cien noches, María dejó de toser, pues sin quererlo descubrió que con la inyección para la alergia, la tos también se calmó.

 

Rossana Sala. Febrero de 2016

María me pidió que les diga esto…

Si te atoras y estás sola…. https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001983.htm.                        Cómo aplicarse la maniobra de Heimlich en uno mismo.

Si te pica una medusa o malagua… http://kidshealth.org/es/parents/jellyfish-esp.html?WT.ac=ctg#

 

Hay más información en la web…vale la pena averiguar…aunque no estés sola…

 

 

Comments
  1. Ricardo Valdés says:

    MUY BIEN!! Vale lo de la prevención!!.

GRACIAS POR SU COMENTARIO. PUEDE ESCRIBIRLO Y PRESIONAR "POST COMMENT". NO NECESITA INDICAR SU NOMBRE NI CORREO ELECTRONICO.

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