Decidí viajar a Washington. Relajarme un poco. Visitar a mis amigos. Tomar fuerzas.

No iba a ser fácil empezar de nuevo en Lima. Encontrar trabajo.

Caminaba feliz frente a la Casa Blanca cuando me topé con un espectáculo callejero. Una de esas presentaciones que hacen los artistas novatos para ganarse alguna propina mientras van a la universidad.  Era  realmente buena la actuación, así que me detuve a observarlos. Nada me apuraba.

Sonrientes, vestidas de blanco y con las caras pintadas, unas veinte personas conformaban el grupo. Tocaban tambores, panderetas, subían y bajaban escaleras, saltaban, bailaban como si estuvieran en Broadway.

—Deben haber ensayado bastante  —pensé al verlos levantar las piernas en movimientos rítmicos y coordinados.

—Necesito su ayuda —me dijo de pronto en inglés uno de los artistas, escapándose del espectáculo en el momento en que me colocaba unas orejas de Minnie Mouse.

—Usted es perfecta para ésto —continuó mientras me colgaba en el cuerpo algo que parecía ser un inmenso basurero y me entregaba un par de palillos.

Y allí estaba yo, convertida en parte de un llamativo espectáculo callejero frente a la Casa Blanca, mostrando unas grandes orejas negras de ratón, tocando tambor cada vez que me daban una señal y después que lo hacía mi compañero de al lado, Mickey Mouse.

Los niños que por allí pasaban, jaloneaban a sus padres para que se detengan. Aplaudían entusiasmados. Yo, que a pesar de las orejas seguía siendo una desorejada, trataba de llevar el ritmo dándole un golpe al tacho de basura cada vez que me lo indicaban. De pronto,  al levantar la mirada con el rostro desconcertado, me encontré cara a cara con una cámara de televisión. ¡Estaban filmando! ¡Me estaban filmando! De vez en cuando me enfocaban de cerca haciéndome una señal de muy bien con las manos. Espero que haya sido una señal de “muy bien”.

—¡No puede ser! ¡A lo que he llegado! —me dije. Soy una desempleada más pidiendo limosna en las calles de Washington. ¡Pero no tengo visa para ésto!  ¡Pom! ¡Pom! ¡Pom! Seguí dándole golpes al tacho mientras sonría a las cámaras con toda la dignidad que a mi edad era posible tener en una situación como tal. Si es que era posible tener alguna.

minnieAl terminar la función, varios niños  me pidieron autógrafos. Se me acercó también uno de los directores del espectáculo a solicitar mi permiso para que se publique la filmación en el canal de  Disney World.

—Estos gringos sí que hacen bien las cosas —pensé algo reconfortada al devolver mis orejas satisfecha de haber hecho (en mi opinión) un buen trabajo.

—¿Qué me habrán querido decir con que yo soy perfecta para ésto? —me pregunté esa noche al mirarme al espejo antes de dormir.

Noviembre, 2009.

Comments
  1. Anonymous says:

    Me gusto!

GRACIAS POR SU COMENTARIO. PUEDE ESCRIBIRLO Y PRESIONAR "POST COMMENT". NO NECESITA INDICAR SU NOMBRE NI CORREO ELECTRONICO.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s