¿QUÉ HEMOS HECHO? (relato)

Posted: 14 June, 2013 in 2009, Mayo (Qué hemos hecho?) Relato
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—¿Qué he hecho? ¡Estoy casado! —me dijo Diego al despertar.

Algunas horas antes, todavía a tiempo, estábamos sentados en la puerta de la Corte. Gente que iba y venía pisando el desgastado pasillo como lo hicieran otros, décadas atrás. Archivos. Papeles. Abrigos. Un  sheriff. Pistolas. Personas. Llantos. Risas. Si las paredes hablaran. Camisas. Rayas. Grilletes.

Todos.

Nosotros.

Yo.

—¡Que pase el que sigue! —llamó con voz tajante la mujer que nos observaba hace un buen rato escondida tras pesadas gafas de negras monturas.

Y así, ilusionada y feliz, vestida con un traje de diminutas flores celestes, entré al despacho del juez de turno quien nos recibió sonriente, relajado, gordito, envuelto en su impecable toga marrón.

Estoy segura que sabía lo que nos esperaba.

—¿Alguien más viene? —preguntó como relamiéndose, invitando a su oficina a nuestros amigos para que comprueben los hechos.

Con la prestancia que la ceremonia merecía, empezó a leer su grueso libro. Me distraje un instante para mirar extrañada unos afiches de la película de “La Guerra de las Galaxias” que decoraban las paredes.

Continuó el protocolo. Diego, como siempre apurado, trató de aminorar sus obligaciones al interrumpir al juez y decirle que sí, que sí me aceptaba y listo. —¡No es suficiente! ¡Debes aceptarla en la salud, en la enfermedad, en las buenas, en las malas! —le ordenó iracundo el juez a mi prometido que en ese momento ya llegaba a la puerta de escape. Perdí la sonrisa. Me empecé a desvanecer. Veo hoy en mis recuerdos algunas sombras confusas. El juez. Diego. El juez. La puerta. El afiche con el retrato de un hombre enmascarado apuntándome con el dedo índice. Con angustia repetí mis promesas. Oí carcajadas estruendosas. Necesitaba luz. Aire. Agua. ¡Mi bicicleta!

De lo que sucedió después, no estoy segura. Tampoco sé exactamente lo que dije, así que conforme a la legislación texana,  mis compromisos  no son válidos ni vinculantes.   —¡El único consciente y por lo tanto sujeto a obligación contractual por las promesas adquiridas, es él! ¡Ella permanecerá libre! —sentenció el brillante juez al desenvainar de entre su toga resplandeciente, su sable de luz traslucida —¡Ella no está afecta a responsabilidades! ¡Solo él debe amarla y respetarla todos los días de su vida! ¡En la salud! ¡En la enfermedad! ¡Es él quien debe mimarla, cuidarla, serle fiel, obsequiarle las más brillantes gemas provenientes del espacio! —continuó proclamando el honorable magistrado a toda voz y con incuestionable sapiencia.

Entonces fue cuando Diego me dijo: ¿Qué he hecho? ¡Estoy casado!

Y nos levantamos para desayunar.

Escrito el 3 de mayo de 2009, un día después y ya tarde. ¿Pero qué hemos hecho?

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