POR UNA VEREDA VIENE Y POR LA OTRA ME VOY YO

Posted: 4 May, 2012 in 2007, Diciembre
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Yo solo quería aprovechar el buen clima de diciembre, la brisa salada del mar, mi música, mis pasos. Todo eso que se siente al salir a trotar.

Iba tan feliz por los malecones. Pensaba en el verano que acababa de empezar y los deliciosos días que nos esperaban. Lima se veía tan linda. Vivir divorciada no era sencillo, pero mi ex esposo y yo lo manejábamos lo mejor  posible.

Mientras trotaba, intenté relajarme y mantener mi mirada hacia el frente para no tropezar con mis zapatos ni mis ideas, cosa que es mi especialidad.

De pronto, sentí un ruido extraño.

Decidí que sería buena idea dar un breve y curioso vistazo hacia atrás.

Un sujeto alto y fornido, elegante y garboso, se me acercaba.

Por más que intenté apretar el paso, de un par de zancadas me alcanzó. Sin mirarlo mucho, pude notar al final de sus musculosas y velludas piernas unas modernas zapatillas. Eran azules con algunos adornos de color amarillo que combinaban perfecto con el polo y el short de los mismos tonos que llevaba puestos. Parecía una persona alegre, hasta atractiva, quizás interesante. Eso no me importó en ese momento, aunque admito que lo dudé. Pero necesitaba un poco de tranquilidad. Así que luego de otro furtivo vistazo (y de volver a dudarlo), opté por la técnica de los audífonos, esa de simular estar tan concentrada con la música que el mundo está de más.

De nada sirvió. Empezó a hablarme.

Se puso a avanzar a mi ritmo. A invadir mi espacio. Me incomodé al sentir su agitada respiración tan cercana a la mía. A esas horas de la mañana un veinticinco de diciembre, no había mucha gente por las calles a quien acudir en caso de emergencia. Por lo menos gente cuerda (como yo).

Y sin saber quién era y qué (carajo) quería, empezó con sus preguntas. ¿Dónde trabajo? ¿Dónde vivo? ¿A qué hora salgo a trotar? Que mañana corramos juntos. Que si yo tenía treinta y cinco años. En pleno proceso inquisitorio, le dije que sí, pero solo al tema de la edad (obvio).  Me aseguró que cuando yo sea mayor tendría que ir en bicicleta y le contesté que a los cuarenta lo haría. Yo que con creces excedo esa edad, no consideré pertinente sacarlo del error, especialmente al contar con la complicidad de mi gorrita y de un par de lentes oscuros. Era una desfachatez de mi parte, pero se la merecía por insolente y cretino.

Siguió diciendo que él tenía veintisiete años y que en febrero viajaría al carnaval de Rio de Janeiro. A medida que avanzaba en su monólogo, fui notando como su abundante melena negra, que en un principio me había parecido graciosa y juvenil, se transformaba en hirsuta y sudorosa y se iba bamboleando pegajosa al ritmo de sus impertinentes pisadas y de mis crecientes ansias de libertad.

Intranquila con el interrogatorio y el allanamiento a mi privacidad territorial y mental,  busqué alguna escapatoria sutil y decorosa.

No debía ser grosera con aquel hombre. Me lo podría volver a encontrar y no quería imaginármelo furioso y con descabelladas ideas al verme pasar. Fue entonces cuando casi de porrazo (pues tropecé con una piedra), me inspiré al ver a unos ciclistas descansar.

Con prestancia y sagacidad, sin darle tiempo para reaccionar,  le dije al de los pelos chutos que me quedaba allí con mis amigos. Sospecho que aquella abrupta actitud le habrá encrespado los ánimos, pero sin remordimiento alguno, me uní oronda al grupo de las bicis.

Quedé así protegida por los ciclistas que me rodeaban intrigados ante mi intempestiva aparición escondiendo sus confusas miradas tras sus empañados lentes de aumento.

Yo que no conocía ni al de las barbas menos blanquecinas, me encontré de un momento a otro sometida a una nueva investigación. ¿De dónde soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué me trajo Papa Noel? Les dije que me vi forzada a pedirles  auxilio y sin responder preguntas ni buscar pretextos, les agradecí la ayuda y, déjame que te cuente limeño, subí el volumen de mi iPod y me despedí al ritmo de un vals de Chabuca Granda, para seguir trotando por la vereda que se estremecía al ritmo de mis caderas, llegando al distrito de Barranco, cual Flor de la Canela por el Puente de los Suspiros.

Pero allí no quedaron las cosas. Ay, deja que te diga moreno, a ver si así despiertas del sueño, que a los pocos minutos de reiniciar mi rumbo, me pareció sentir unas respiraciones entrecortadas que se me iban acercando. Miré hacia atrás y al ver venir por la vereda, cual José Antonio a paso llano, al chuto melenudo con la lengua afuera, me puse a derramar lisuras y dejar a mi paso aromas de mixturas.

Con mucho temor y aspirando todavía más lisuras, le di una vuelta a la esquina para escaparme de aquel sujeto. Después de una extenuante  carrera sin llevar jazmines en el pelo ni rosas en la cara, airosa, pero casi sin aliento, pude esconderme detrás de un kiosco de periódicos muy cerca al lugar donde minutos antes había encontrado a los ciclistas.

Pero ellos se habían ido.

Opté por una rauda retirada.

Yo solo quería trotar tranquila esa mañana.

Avancé por malecones adornados con jazmines que matizaban la hermosura de la costa miraflorina.

Crucé un viejo puente.

La música volvió a acompasar mi paso por las veredas.

Recogí la risa de la brisa del mar y, cuando aún perfumaba en mi memoria el recuerdo de lo ocurrido, déjame que te diga limeño, tuve la gloria de no volver a cruzarme con el chuto melenudo  nunca más.

Escrito en Lima, a punto de salir a trotar en busca de rutas que entretengan mis sentimientos. Pero no tanto, moreno.

 

(La Flor de la Canela y José Antonio son valses peruanos escritos por Chabuca Granda)

 

 

Rossana Sala. Diciembre 2011

 

 

 

Comments
  1. Anonymous says:

    Me hiciste reir!

  2. Julia de los Ríos says:

    Me encantó!!! es que todo pasa por algo, en el momento exacto!!!!
    Un saludo desde Zaragoza,

  3. Anonymous says:

    hola rossana, veo que tus trotes son toda una aventura, sigue contándonos sobre ellos, son super entretenidos !!!

  4. Pelusa Estremadoyro says:

    Muy bueno tu escrito. Se puede vivir lo que has escrito.

  5. Rossana Sala says:

    Me reí Rossana me imagino todas las vivencias que pueden suceder mientras se corre … Espero ya no sigas atrayendo a extraños melenudos ja ja

  6. Rossana Sala says:

    Confieso que he reido!!!

  7. Rossana Sala says:

    Hola Rossana, como estás?? estás escribiendo como toda una literaria, me encanta como usas los adjetivos y dibujas los escenarios. Cómo se va puliendo esta escritora!!

    Un abrazote y felicitaciones!

    • Anonymous says:

      Hola Ross:
      Es uno de los que más me han gustado, muy bien hilvanado con la canción, con mucho ritmo y sin perder misterio y velocidad.

      Felicitaciones, AV

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