Paris, Louis, Paris

Posted: 8 January, 2012 in 2007
Tags: , , , , , ,

-Avenue de Champs Elysées,  Rue de Rivoli, Boulevard Soult. A ver, Rossana, ¿cómo  se llama ese palais? Ayer lo visitamos, ¿recuerdas? –me interrogaba Louis mientras corríamos en Paris.  En pleno Maratón de Paris.

Sumergidos en un efervescente clima deportivo habíamos partido entre más de treinta y cinco mil corredores. Todas las edades. Todos los colores. Nos rodearon. Nos apretujaron. Nos dejaron sentir sus corazones galopando y sus ánimos acelerados. Todos por fin avanzando en masa hacia la meta.

Louis y yo, viajamos desde Caracas después de un fuerte entrenamiento con ciertos altibajos aceptables para ser novatos y para nuestra edad. El, sofisticado y culto, era algo mayor que yo. Llevábamos  unos cuatro años seducidos por el trotar. Habíamos participado en carreras de no más de diez kilómetros. Esta vez serían cuarenta y dos y además, como para hacerlo más complicado, ciento noventa y cinco metros.

Empezamos  juntos, tranquilos, a muy buen ritmo, optimistas. A los pocos minutos, mi feliz sosiego se vio truncado por una  necesidad terrible  de acelerar y abandonar a mi compañero de ruta. Es que mi buen amigo no dejaba de ilustrarme al detalle sobre cada monumento,  calle, piedra o flor por los que íbamos trotando.  Claro,  todo Paris había sido hurgado por él, pues durante su época universitaria lo había saboreado hasta donde la juventud  y su curiosidad se lo permitieron.

-Ayer pasamos por aquí. ¿Pero no te acuerdas? -me insistía en su inmutable y peculiar estilo varonil mientras corría.

Yo lo miraba. Prefería no decir palabra. Lo consideraba más civilizado así.

-¿Y ese monumento? ¿Recuerdas porqué lo construyeron?

-Por favor –le pedí con educación exagerada y entre el golpeteo de los pasos y de mi ascendente furia- no me preguntes más. Solo avanza.

No me hizo caso. A los pocos metros, al pasar junto a una estación de servicio,  decidió saber mi opinión del alto precio del combustible.

-¿Cómo me preguntas eso?–exclamé espantada-.  ¡Estamos en un maratón! ¡Tenemos que correr más de cuarenta y dos kilómetros!  ¡No necesitamos gasolina!

-Es que soy economista -me contestó airoso.

Fue allí, cuando decidí partir con mi música. Dejarlo sumando y restando a su gusto.   ¿Acaso no lo merecía?

Sin mi querido Clovis  (me narró al detalle respecto a su nombre en francés antiguo), continué mi rumbo.

Controlé mi paso, tomé  agua. Me fijé en la gente, las pancartas y sus mensajes en diferentes idiomas. Sentí las calles empedradas. El agua suave del río y sus barcas blancas se veían apacibles.  Niños  curiosos, puentes gastados, túneles largos,  aplausos callejeros, bandas de música, me dieron más fuerza.

Luego  de varios kilómetros dejé de sentir mi cuerpo. Me movía por inercia. Escuchaba a lo lejos algunas voces. Recordé a Louis y su gasolina. Olvidé a Louis y su gasolina. No me importaban los puentes con  barcas, ni los movedizos niños. Solo veía paredes y túneles. La luz de Paris, se había apagado.

De pronto, sentí la ovación retumbar tan cerca a mis pasos. Un remezón en la zozobra.  Miles de espectadores casi me cerraban el camino. Encontré con dificultad entre el tumulto, el aviso del  kilómetro treinta y siete. Junto al agua me ofrecieron vino. El fuego cruzó mi tráquea. ¿Por qué acepté de ese trago?

Avancé y avancé. Mi mente sudaba mientras iba jalando mi cuerpo.

Kilómetro cuarenta y dos. Me  esperaba a unos metros el  Arc de Triomphe. No se había movido como sospeché por varias horas.

En un instante inesperado, saltó de los altoparlantes, impulsándome  a dar los últimos pasos,  una voz gruesa, afrancesada,  que al mismo tiempo que el público gritó  ¡Allez Perú! ¡Allez Roxanne! ¡Allez Perú!

Entre ese clamor  pude encontrar un último retazo de fuerza para levantar los brazos y esbozar una sonrisa.

Tiempo Oficial: Cuatro horas y dos minutos.

Lo hice. Me sentí contenta y adolorida.

A los pocos minutos, llegó Louis. No lucía muy bien. Sospecho que por el precio de la gasolina. Tampoco escuchó que aclamaran su nombre. Quizás lo hicieron en español o en francés antiguo.

En la zona de la meta pocos decían palabras. Se expresaban con pesadas señas.  Sin embargo,  en las miradas y hasta por el olfato, se percibía la satisfacción de los trotadores, el gozo de la vida.

Escrito en Caracas en mayo del 2007, algunos días después de la carrera, con un fuerte dolor de rodillas y del derrière. ¡Au revoir Paris!

GRACIAS POR SU COMENTARIO. PUEDE ESCRIBIRLO Y PRESIONAR "POST COMMENT". NO NECESITA INDICAR SU NOMBRE NI CORREO ELECTRONICO.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s