Líneas. Nada más.

Posted: 11 December, 2011 in 2011, diciembre
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Podría describir al personaje con cinco líneas y dos  más.

Hacerlo de esa manera, sin embargo, no sería el objeto del curso de narrativa.

De pequeña, la profesora del jardín de infancia, huesuda y estricta como no hay más, nos llevó una mañana a dar un paseo. Recorrimos un corto camino contando pájaros azules y flores amarillas. Cruzamos un inmenso jardín, luego un muro. Allí estaban esperándonos: siete caballos pastando. Fuertes. Impecables. Vanidosos.

Al terminar el apacible recorrido,  la maestra pálida y siniestra como no hay más, nos advirtió que al día siguiente, dibujaríamos lo que hace un instante ingenuamente nos había hecho mirar. Hoy pienso que nos tendió una trampa. Todavía siento el retumbar de los vidrios,  efecto indecible de su estridente voz. Es como si estuviera escuchándola desde mi pequeña mesa de madera.

Definitivamente, fue una trampa.

Mis padres deben recordar, sin agrado y no los culpo, la tragedia de esa tarde en casa.

Entre mis sollozos, húmedos y desgarradores,  buscamos con angustia imágenes de caballos. Figuras en libros o revistas que me pudieran servir de modelo.  ¿Cómo haré mi tarea mami?

No existía el oráculo. No había Internet.

Pocos días después, mi madre fue citada a hablar con la directora del colegio.

“Esto es lo que ha pintado su hija in der Klasse”-le señaló la monja en un áspero español revuelto con alemán mientras incrustaba su dedo índice en mi obra de arte- “una línea horizontal, un poco de grama y el sol. ¡Nichts mehr! ¡Nada más!  Cuando le pregunté a su niña por los  caballos, ¿wo sind die Pferde?,  ella me explicó que estaban detrás del muro y que por eso no  podían verse. ¡No! ¡No! ¡No! ¡Nein! ¡Nein! ¡Nein!”

Está claro. No soy artista. Lo que me ha llevado impajaritablemente a pasear por esta vida  buscando alternativas. Coloreando  a los niños de espalda con pelos revueltos. Evitando engorrosas narices, ojos, bocas. Encontrado soluciones prácticas pero honrosas para salir con decoro del más tenaz aprieto.

Por eso estudié letras en la universidad. Por eso huelo a perfume y no a aguarrás. No uso lienzos, ni brochas, ni toscos mandiles manchados de verde, lila y cal. Por eso acudí a mi verborrea para describir a una celebridad. Destaqué atributos, gestos, obras, nada más.

Pero lo hice mal.

“Debiste haber pintado con palabras, como si fuera un lienzo” –me corrigió el catedrático desde su esquina.

Lo escuché en silencio, desde mi pequeña mesa de madera.

Podría describir al personaje con cinco líneas y dos  más.
Hacerlo de esa manera, sin embargo, estaría otra vez mal.

Me inspiro. Me desinspiro.

Busco en Internet a mi personaje. ¡Jaja!

¡A pintar!

El teclado del ordenador será mi paleta de colores. La letra “I”  el pincel.

Dibujaré el rostro.  Solo facciones. Cuánto menos abarque, mejor.

Esbozo el semblante cansado dentro de la cara rectangular. Con trazos firmes surco la frente.

El  mentón  imperceptible en comparación con los redondeados pómulos.

La nariz chata, como destinada  a perderse los mejores olores de la vida.

La boca algo roja. Pequeña. Prudente. Cerrada. Agotados pliegues la circundan.

¡Siento lástima!  Mejor  despinto esa seriedad.

Le esbozo una  sonrisa. Aunque sea escueta.

Dientes, aunque sean pequeños.

Todos tenemos derecho a reír, aunque sea  poco.

El cabello: abundante, chuto, blanco, negro, blanco.  No sé cómo dibujar el efecto ese que tiene, el de no brillar.  Dicen que estar contento, hacer el amor y yo le sumo, comer chocolates, hace mucho bien. Su pelo no es feliz.

Su pelo le cubre parte de la frente, como un garabato.

Las orejas carnosas. Con unos cuantos vellos para mitigar lo que, ya de viejo, no interesa escuchar.

El color del rostro: amarillo, marrón claro, algo de blanco quizás.

Ahora las gafas. Rectangulares. Metálicas.  Y tras ellas, bajo pesadas cejas blanquinegras, dos  pequeñas líneas filudas. Tanto, que dan la sensación de que a través de ellas no es posible ni mirar.

Encierro el dibujo en un recuadro, un marco oscuro, una celda de mi computador quizás.

Podría describir al personaje con unas cuantas líneas:

Cinco líneas verticales, gruesas,  largas. Que nacen del piso y mueren en un techo lejos del hogar.

Dos líneas horizontales, cortas, finas. Que dan la sensación de que a través de ellas no es posible ni mirar.

Como el muro de mis recuerdos, lo que he pintado, también está atrás.

Escrito por Rossana Sala, el 7 de diciembre de 2011. ¡Olvidé el cuello! ¡Los hombros! ¡Nein! ¡Nein! ¡Nein!

Comments
  1. José Eduardo says:

    Debo ser sincero y reconocer que no descubrí quién era el personaje hasta que vi la foto, pero me gustó el relato. Me parece muy creativo resumir su descripción en lo que él es hoy en día: barrotes en primer plano y el personaje en cuestión detrás de ellos. Aunque podría ponerme filosófico y preguntar: ¿quién no tiene, en realidad, sus propios barrotes? ¿O una máscara? ¿es así como al final nos describen?. Cool🙂

  2. Rossana Sala says:

    Gracias! Que bueno les gustara!
    Esta historia fue casi como la decsribo…tenía yo 4 ó 5 años. Estaba yo en el Kidergarten. El nombre de la profesora no lo recuerdo. Pero la que describí, si existía, o por lo menos así es como la veía.

  3. Boris says:

    Que clever, pintar el muro…….ja ja ja

  4. taty says:

    Me encanto Rossana, primero pensé que te ibas a tus clases de equitacion en el Club el Bosque, que profesora tenias? Froilain Barbara?

  5. Antonio Gonzalez G. says:

    Rossana, que refrescantes son tus cuentos!! por favor, no dejes de enviarlos.

  6. Anonymous says:

    As I said before, I love your lines…

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