(Metacuento escrito para el curso de narrativa. Un metacuento es un cuento dentro de otro cuento.)

– A ver,  usted, la de la primera fila, lea en voz alta  la siguiente página.

Otra vez yo. ¡Caramba!  En la clase anterior el profesor me agarró de punto. ¿Y ahora cómo pretende el literato que yo lea sin errores, que tome nota, pregunte, responda, me concentre? ¡Qué fastidio!

Con letra de ojo, trato de decirle que no.  Que mejor escoja a otro alumno.

–  Usted, la de la vocecita melodiosa, por favor -me insiste con su usual tono pausado, sin haber comprendido mi silenciosa negativa.

Y empiezo:

“CAPEANDO

Acá metido veo todo. Todo es nada. Miro con asombro las puertas que se abren.  Corro de espanto pero sigo encerrado.  No tengo culpas. Las vueltas y vueltas me persiguen. Me pongo tan tenso. Me empapo. Huelo diferente. ¿Oye tú, te conozco? Creo haberte visto antes. ¿Por qué me miras así? ¿Qué llevas en las manos?  No quiero hacerte daño y te proteges de mí.   ¿Qué dices?  No, no. Esas son mentiras, calumnias. No digas eso que yo no soy así. Me acerco a hablarte y te apartas. ¿Qué pasa?¿Dónde te fuiste? ¿Te escondes? Explícame. Entiéndeme. ¿Por qué tanto alboroto? ¡Basta ya! ¡Dejen la algarabía! La bulla. El eco. La bulla.  El eco. Estoy de tu parte. ¿No comprendes? Y ahora, me punzas. Me has clavado una vara cuando solo te he mirado entre el sol y tantas sombras con triste desconcierto. Una, dos y tres veces, me has clavado. Me enfureces. Es tarde. Me falta fuerza. Necesito aire. Con orgullo, me ves caer. Sonríes con los brazos en alto. ¡Ayúdame! ¡Perdóname! ¡Acaríciame! Es que me duele que jode. ¡Coño!  El torrente sanguíneo me invade, me arde, me ahoga. ¡Oleeee! ¡Oleeee!  Vitorea feliz la plaza”.

 

–  Es muy amable –me agradece el maestro descansando los brazos sobre su escritorio.  Vemos pues –nos explica alonsamente– cuando se escribe, está permitido hacerlo con vulgaridades. Con malas palabras. Si están bien usadas refuerzan el texto. Le dan sentimiento. No vayan a pensar que su mamá se va a molestar por eso.  ¡Jeje! –bromeó escuetamente  soltando una onomatopeya.

Lea el siguiente cuento -caballerosamente me solicita.

¡Puta madre! ¡Otra vez yo!  ¿Y cómo pretende que lo haga sin errores, que tome nota, pregunte, responda, me concentre? ¡Carajo!

Escrito por Rossana Sala, el 25 de noviembre de 2011. Leído una semana después durante el curso de narrativa que alonsa, escueta y caballerosamente dicta Alonso Cueto Caballero. A ver pues ¿qué opina ahora de mi vocecita argentina? ¡Olé!

Comments
  1. Rossana Sala says:

    Me gustó. Efectivamente las groserías le dan más fuerza al texto, además los hacen real. Después de todo las gente habla así. Y los que no hablan así no son gente.

    RC

  2. Rossana Sala says:

    Magnifico Rossana, que faceta taurina tan sorprendente!!
    Cada vez mejor. A.

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