He oído hablar de la “Cláusula Paraguas”.

Me dicen que es aquella que resguarda de manera genérica a las partes contratantes de los actos de terceros. Les da a los acuerdos un rango mayor.

Una seguridad extra que debe ser respetada.

Al escuchar esta explicación me he preguntado, si una persona puede acaso venir al mundo con la seguridad de contar con un paraguas protector. Mágico.

Me imagino a la gente andando de aquí para allá, lentamente o pegando brincos cual saltimbanqui, pero cada una bajo su propio paraguas. De otro color. Otro tamaño. Otro estilo. Hasta con personalidad. Un paraguas que blinde. Que  capulle.

A pesar del tremendo dolor que causaría este hecho (eso de dar a luz un paraguas no debe ser nada sencillo), supongo que muchas mujeres estarían dispuestas a aceptar el desafío.

Quizás algunos no lo sepamos y vinimos al mundo con ese paraguas. Invisible. Probablemente ni yo esté enterada y tengo uno o cinco. Ahora estoy bajo él sentada. Puede estar perforado por algún rayo que atravesó mi recorrido y yo ni pendiente estaba cuando hubo tormenta.

No sé si la vida, lo que nos queda delante, podemos cambiarla o es simplemente una realidad inexorable. Inapelable.

Pero si los abogados pueden inventar una “Cláusula Paraguas”, por qué carajo no se puede tener uno (un paraguas digo, no un abogado) para vivir bajo su amparo. Su calor. Fabricarlo cada día y desenvainarlo cuando nos haga falta. Cuando nos venga en gana. Compartirlo con quien todavía no lo tiene. Usar el que construimos o nos dieron.

Sospecho que al final será mejor unirlos. Juntar los paraguas del mundo. Hacer una fiesta. Intercambiarlos, prestarlos, regalarlos, colorearlos. Soñar con ellos. Bajo ellos. Y si no llueve, pues usarlos de apoyo.

Suena bien, ¿no creen?

“¡Presta atención, mujer! ¡Cruza rápido la calle que hay tormenta!” – me apuran.

Y yo, limeña de pura cepa, y por costumbre sin lluvias, no llevaba ni un pequeño paraguas a la mano. Eso creía y me empapé por no saberlo en su momento.

Escrito por Rossana Sala, hoy, un día de octubre de 2011.  Sin lluvias  y con paraguas. Todos lo tenemos. Ahora estoy segura.

*Dedicado al pequeño hijo de un amigo. La familia pidió oraciones por su salud. Yo además de eso, le quiero dar mi paraguas. 

Unamos paraguas.

Suena bien, ¿no creen?

Comments
  1. Dago Fonseca says:

    Saludos Rossana

    Tu relato es muy bueno.
    ¡Felicitaciones!
    El mismo tiene un desarrollo ligero, fácil de leer
    Es una reflexión muy interesante y original, sobre lo que nos toca vivir: con estrella, sin ella, con padrinos, sin ellos, con felicidad, sin ella, con fortuna, sin ella.

    Dago

  2. Pelusa Estremadoyro says:

    Rossana – me voy corriendo al ‘Rosstore’ por mi paraguas. Ojalá todo el mundo
    se compre uno, seríamos una civilización muy feliz.
    Siempre admiro tu imaginación y la facilidad de escribir.
    Felicitaciones,
    Pelusa

  3. Anonymous says:

    Este si me gustó. Muchos cariños.
    Emilio

  4. Javier Vegas says:

    Hola Rossana. me giusto el juego con el concepto legal, pero tu tambien tienes tu Cobertura “unbrella” (paraguas) a través de tu Seguro de EAG que te protege para los casos seriso, aquellos quizas de menor exposición pero de mayor severidad que no solo pueden afectar tu salud sino tu presupuesto, y que “sólo se abre al momento de que la lluvia del riesgo catastrófico aparece y comienza a mojar”.
    Sigue escribiendo…..

  5. Carmen Collins says:

    Que lindo pensamiento Rossana. A mi “paraguas” lo llamo mi ANGEL, pero como comparto mi ángel con otros?? Por eso me encanta la idea de un PARAGUAS ABIERTO PROTEGIENDO A LA GENTE QUE QUIERO Y A LA GENTE QUE NO CONOZCO PERO QUE DE LA MISMA FORMA QUIERO.

  6. Rossana Sala says:

    Precioso! La idea, su construcción y su finalidad. Yo también quiero uno, sea del color y tamaño que sea. Un paraguas para todos y todos bajo el mismo paraguas! Bravo!

    Un beso

  7. Rossana Sala says:

    Bonito tu paraguas. Sí, yo también desearía haber nacido con uno. La de días aguados que me habría ahorrado. Por cierto conozco Lima y el sur del Perú. he viajado dos veces y nunca me ha caído un maldito aguacero. En cambio lo de aguascalientes, bajo el Machu Pichu, ese fue otro cantar. Me pilló una de las tormentas más aterradoras que jamás he vivido.

    besos. Y abrazos.

  8. Rossana Sala says:

    Hola Rossana, una idea muy original. Para confeccionar un relato, utilizas un lenguaje tan fresco, que tengo la sensación de que me lo estás contando. Me gustó mucho. Eres una soñadora con los pies en el suelo. Una combinación perfecta.
    Un favor, si encuentras la tienda en donde se venden esos paraguas, ya te doy mi correo electrónico y me la envías. No va a haber para todos. Y si no, la montamos. “Rosstore”, suena bien.
    Un beso, limeña.

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