Cada mañana practicaba spinning…rodaba feliz por un mundo imaginario.

“¡Ya llegas!”… me decían allí entre las paredes del gimnasio…donde lo más cercano a la naturaleza era lo que a lo lejos se podía ver: el mar.

En realidad en mi mente salía, partía, reía, bailaba, lloraba, cantaba (es una hipérbole), soñaba, olvidaba, recordaba, llegaba, todo al ritmo de la música y del ánimo matutino. Pero no, definitivamente, no avanzaba.

Rossana, caramba, ¿es que no te has dado cuenta que la bici estacionaria no camina? ¡No insistas mujer!….pensaría seguramente más de uno al verme jadear sin detenerme y obviamente, sin tropezar.

Un día, al finalizar ese pedaleo circulante y vertiginoso, para algunos abrumador y masoquista, un amigo, vecino de bicicleta estacionaria, me dijo de reojo y con tonito cachaciento (*) y malicioso “¡Nos vemos mañana haciendo la del hámster!”. Advertí entonces, en lo que me estaba convirtiendo al pedalear en una rueda sin salida ni fortuna. Me transformaba sin querer en un roedor anónimo, pequeño, travieso y feliz, cachetón, de grandes dientes, ensimismado e ido, sin mística, sin misterio, que no puede hablar ni ver más allá de su corta nariz y de lo que sus patitas de saltimbanqui le permiten al pegar brincos , constantes y seguros, pero autistas al fin, traca, traca, traca, traca…..ad infinitum.

A la mañana siguiente miré a la bici con desdén y alevosía. A mi amigo también, pero él no se dio cuenta. Estaba en su bici.

Me eché a trotar sin remordimiento alguno. Dejé mi rueda buscando otra fortuna. Mi destino fijo y circulante lo cambié estrepitosamente por un paseo largo y extendido, trotando frente al mar, permitiendo que su brisa me abrace y que el calor del sol me abrigue. Desde ese día combino…a veces bici, a veces troto, a veces vino.

Al poco tiempo de trotar sola, fui adoptada por algunos corredores del club donde está el gimnasio. Mi nuevo grupo; lo que hasta cierto punto me llega a causar un sentimiento de extraña infidelidad con los CONTODO, mis amigos trotadores de Caracas. ¿Pero qué hago?

¡No puedo seguir sola en esa rueda infinita y hamsteriana! ¡No puedo vivir de los recuerdos con el solapado riesgo de volverme un roedor!

En mi condición de abogada existe además el agravante que en lugar de hámster, me convierta en una vil rata. Debo agregar a mi favor, que en muchos trotadores limeños, veo la cara o estilo de trote de mis amigos venezolanos. En serio. Ni es lo mismo, ni es igual, pero hay que seguir avanzando. Acá no me conocen como Perulima. No sé cómo me llaman, lo que quizás debería inducirme a cierta preocupación hamsteriana…pero en realidad no importa. No vale la pena darle vueltas al asunto. Alguien del grupo me dice que soy su liebre favorita. Está bien. Aunque mi paso no es de liebre. Mi paso es quizás de un ser libre. Hasta donde las rodillas y la vida me lo quieran permitir.

 

Hoy por hoy, mi actividad deportiva se ha reducido a algunas horas a la semana de spinning y otras de trote. Alterno la del hámster con la de la liebre; amigos recientes con viejos recuerdos; nuevas historias que serán recuerdos. La vida avanza. Uno decide. De eso se trata, por eso se trota. Por eso combino. Por eso con vino.

Ha nacido una nueva corriente filosófica: la hamsteriana libre. Ad infinitum. Acá fuera de mi rueda, en abril del 2010. Rossana Sala

(*) Se usa como sinónimo de burlón en el Perú.

Comments
  1. Rossana Sala says:

    Hola, Rossana! Has escrito un relato muy gracioso. Me gustó. Saludos.

  2. Rossana Sala says:

    Muy divertido. Da gusto ver la vida a través de ese enfoque alegre que das siempre a tus textos. Un saludo.

  3. Rossana Sala says:

    Que buena descripción del nacimiento de las nuevas corrientes filosoficas que toma la vida tantas veces! Que manera de escribir tan fresca que tienes Rossana! Me encantó.

  4. Rossana Sala says:

    De hamster a hamster… muy bueno!

  5. Rossana Sala says:

    ja, ja, ja. Me he relajado leyendo tu relato, pero sobre todo te he visto en la bicicleta estacionaria en el gimnasio, con toda esa gente que después saldrá al tráfico de la ciudad. Trotando frente al mar. Y muy bueno lo del vino, porque de todos los deportes que existen el que particularmente es el mejor es aquel de sentarse con los buenos amigos y con un buen vino, ¡sí señor!
    PD: Y de vez en cuando un buen pisco sour.

  6. […] Algo que escribí sobre mi época de Hamster…https://rodandoentrelineas.wordpress.com/2010/04/15/corriente-hamsteriana/ Like this:LikeBe the first to like this. […]

  7. Rossana Sala says:

    me ha encntado este escrito. Resulta saludable hacer deporte leyendo no? Sin riesgos de convertirse en un hamster y con riesgos de derivar en ballena…

    UN abrazo.

  8. Rossana Sala says:

    Rossana. Tu escrito una verdadera prueba de que todo tiene y ha de tener un límite. Como dice Javier, unos la lectura, otros la costura, pero siempre en su justa medida.
    Un bonito texto que invita a reflexionar
    Un abrazo

  9. Rossana Sala says:

    Hola Rossana, hay otros que además de hacer el hámster, nos cruzamos el Atlántico remando sin movernos ni un milímetro. Consolémonos. Hay algunos que en lugar de eso, cazan moscas al vuelo. Hay un riesgo no declarado en todo esto, y es poder llegar a creer que todo este sudor te aleja del sudario. ¡Ni de coña, vamos! Rossana, el cementerio está a reventar de gente que corría maratones, y allí están todos bien quietecitos. El relato es una canto a la sinceridad a cielo abierto. I like it.
    Escrito por Javier, también desde fuera de la rueda.

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